Primera Unidad o Bloque
Bloque I:
Reconoce las repercusiones de la filosofía en México
La disputa entre
Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de
Después de muerto, la fiesta que le hacían era que uno de los sátrapas tomaba la imagen de este Páinal, compuesta con ricos ornamentos como dios, y hacían una procesión con él, bien larga, y todos iban corriendo a más correr, ansí el que le llevaba como los que le seguían. En esto representaban la priesa que muchas veces es necesaria para resistir a los enemigos, que sin saberlo acometen haciendo celadas.CAPITULO II, que trata del dios llamado Páinal, el cual, siendo hombre, era adorado por dios. Este dios llamado Páinal era como sota capitán del arriba dicho, porque el arriba dicho, como mayor capitán, dictaba cuándo se había de hacer guerra a algunas provincias. Este, como su vicario, servía de cuando repentinamente se ofrecía de salir al encuentro a los enemigos, porque entonces era menester que este Páinal, que quiere decir «ligero», «apresurado», saliese en persona a mover la gente para que con toda priesa saliesen [a] haberse con los enemigos.
CAPITULO III, trata del dios llamado Tezcatlipoca, el cual generalmente era tenido por dios entre estos naturales desta Nueva España. Es otro Júpiter
CAPITULO IV, trata del dios que se llamaba Tláloc Tlamacazqui
CAPITULO V, trata del dios que se llama Quetzalcóatl, dios de los vientos
CAPITULO VI, se trata de las diosas principales que adoraban en esta Nueva España
CAPITULO VII, trata de la diosa que se llamaba Chicomecóatl. Es otra diosa Ceres
CAPITULO VIII: trata de una diosa que se llamaba la madre de los dioses, corazón de la Tierra y nuestra abuela
CAPITULO IX: Se trata de una diosa llamada Tzaputlatena .Esta diosa que se dice Tzaputlatena fue una mujer, según su nombre nacida en el pueblo de Tzaputla. Y por esto se llama «la madre de Tzaputla», porque fue la primera que inventó la resina que se llama úxitl, y es un aceite sacado por artificio de la resina del pino que aprovecha para sanar muchas enfermedades; y primeramente aprovecha contra una manera de bubas o sarna que nace en la cabeza, que se llama cuaxococihuiztli; y también contra otra enfermedad es provechosa asimismo, que nace en la cabeza, que es como bubas, que se llama chacuachicihuiztli; y también para la sarna de la cabeza. Aprovecha también contra la ronquera de la garganta. Aprovecha también contra las grietas de los pies y de los labios. Es también contra los empeines que nacen en la cara o en las manos. Es también contra el usagre. Contra otras muchas enfermedades es bueno. Y como esta mujer debió ser la primera que halló este aceite, contáronla entre las diosas y hacían la fiesta y sacrificios aquellos que venden y hacen este aceite que se llama úxitl.
CAPITULO X:Se trata de unas diosas que llamaban cihuapipilti
CAPITULO XI: Se trata de la diosa del agua que la llamaban Chalchiuhtli Icue. Es otra Juno
CAPITULO XII: Trata de la diosa de las cosas carnales, la cual llamaban Tlazultéutl. Es otra Venus
CAPITULO XIII:Trata de los dioses que son menores en dignidad que los arriba dichos, y el primero déstos es que llaman Xiuhtecuhtli. Es otro Vulcán
CAPITULO XV, habla del dios llamado Omácatl. Quiere decir «dos cañas». Es el dios de los convites
CAPITULO XVI, en que se trata del dios llamado Ixtlilton, que quiere decir «el negrillo», y también se llama Tlaltetecuin
CAPITULO XVII, habla del dios llamado Opuchtli, el cual era tenido y adorado en esta Nueva España
CAPITULO XVIII, que habla del dios llamado Xipe Tótec, que quiere decir «desollado»
CAPITULO XIX, habla del dios que se llamaba Yiacatecuhtli, dios de los mercaderes
CAPITULO XX, que habla del dios llamado Nappatecuhtli
CAPITULO XXI, que habla de muchos dioses imaginarios, a los cuales todos llamaban tlaloques
CAPíTULO XXII, que habla del dios llamado Tezcatzóncatl, que es uno de los dioses del vino
Reconoce las repercusiones de la filosofía en México
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v La visión europea
del mundo en el siglo XV
v Interpretación
europea de la conquista y perspectiva mesoamericana.
v Las órdenes
religiosas en la cultura novohispana.
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HISTORIA
GENERAL DE LAS COSAS DE NUEVA ESPAÑA DE
FRAY BERNARDINO DE SAHAGUN
.A este hombre que por su fortaleza y destreza en
la guerra le tuvieron en mucho los mexicanos cuando vivía, después que murió
le honraron como a Dios y le ofrecían esclavos, sacrificándolos en su
presencia. Buscaban que estos esclavos fuesen muy regalados y muy bien
ataviados con aquellos aderezos que ellos usaban de orejeras y barbotes. Esto
hacían por más honrarle. Otro semejante a éste hubo en las partes de Tlaxcalla,
que se llamaba Camaxtle
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Después de muerto, la fiesta que le hacían era que uno de los sátrapas tomaba la imagen de este Páinal, compuesta con ricos ornamentos como dios, y hacían una procesión con él, bien larga, y todos iban corriendo a más correr, ansí el que le llevaba como los que le seguían. En esto representaban la priesa que muchas veces es necesaria para resistir a los enemigos, que sin saberlo acometen haciendo celadas.CAPITULO II, que trata del dios llamado Páinal, el cual, siendo hombre, era adorado por dios. Este dios llamado Páinal era como sota capitán del arriba dicho, porque el arriba dicho, como mayor capitán, dictaba cuándo se había de hacer guerra a algunas provincias. Este, como su vicario, servía de cuando repentinamente se ofrecía de salir al encuentro a los enemigos, porque entonces era menester que este Páinal, que quiere decir «ligero», «apresurado», saliese en persona a mover la gente para que con toda priesa saliesen [a] haberse con los enemigos.
CAPITULO III, trata del dios llamado Tezcatlipoca, el cual generalmente era tenido por dios entre estos naturales desta Nueva España. Es otro Júpiter
El dios
llamado Tezcatlipuca era tenido por verdadero dios, y invisible, el cual andaba
en todo lugar: en el Cielo, en la tierra y en el Infierno. Y tenían que cuando
andaba en la tierra movía guerras, enemistades y discordias, de donde
resultaban muchas fatigas y desasosiegos. Decían que el mesmo incitaba a unos
contra otros para que tuviesen guerras, y por esto le llamaban Nécoc Yáutl;
quiere decir «sembrador de discordias de ambas partes». Y decían él solo ser el
que entendía en el regimiento del mundo, y que él solo daba las prosperidades y
riquezas, y que él solo las quitaba cuando se le antojaba. Daba riquezas,
prosperidades y fama, y fortaleza y señoríos, y dignidades y honras, y las
quitaba cuando se le antojaba. Por esto le temían y reverenciaban, porque
tenían que en su mano estaba el levantar y abatir. De la honra que se le hacía
está adelante, en el Libro Segundo.
CAPITULO IV, trata del dios que se llamaba Tláloc Tlamacazqui
Este dios
llamado Tláloc Tlamacazqui era el dios de las lluvias. Tenían que él daba las
lluvias para que regasen la tierra, mediante la cual lluvia se criaban todas
las yerbas, árboles y frutas y mantenimientos. También tenían que él enviaba el
granizo y los relámpagos y rayos, y las tempestades del agua, y los peligros de
los ríos y de la mar. En llamarse Tláloc Tlamacazqui quiere decir que es dios
que habita en el Paraíso Terrenal, y que da a los hombres los mantenimientos
necesarios para la vida corporal.
Los servicios que se le hacían están en el Segundo Libro, entre fiestas
de los dioses.
CAPITULO V, trata del dios que se llama Quetzalcóatl, dios de los vientos
Este
Quetzalcóatl, aunque fue hombre, teníanle por dios y decían que barría el
camino a los dioses del agua, y esto adivinaban porque ante que comienzan las
aguas hay grandes vientos y polvos, y esto decían que Quetzalcóatl, dios de los
vientos, barría los caminos a los dioses de las lluvias para que viniesen a
lluver. Los sacrificios y cerimonias con que honraban a este dios están
escritas adelante, en el Segundo Libro.
Los
atavíos con que le adoraban eran los siguientes: una mitra en la cabeza, con un
penacho de plumas que se llaman quetzalli; la mitra era manchada como
cuero de tigre; la cara tenía teñido de negro, y todo el cuerpo; tenía vestida
una camisa como sobrepeliz labrada; no le llegaba más de hasta la cinta; tenía
unas orejeras de turquesas, de labor mosaico: tenía un collar de oro, de que
colgaban unos caracolitos mariscos preciosos; llevaba a cuestas por devisa un
plumaje a manera de llamas de fuego; tenía unas calzas desde la rodilla abajo,
de cuero de tigre, de las cuales colgaban unos caracolitos mariscos; tenía
calzados unas sandalias teñidas de negro, revuelto con marcagita; tenía en la
mano izquierda una rodela con una pintura con cinco ángulos, que llaman el joel
del viento; en la mano derecha tenía un cetro a manera de báculo de obispo; en
lo alto era enroscado como báculo de obispo, muy labrado de pedrería, pero no
era largo como el báculo; parecía por donde se tenía era como empuñadora de
espada. Era éste el gran sacerdote del templo.
CAPITULO VI, se trata de las diosas principales que adoraban en esta Nueva España
La
primera destas diosas se llamaba Cihuacóatl. Decían que esta diosa daba cosas
adversas como pobreza, abatimiento, trabajos. Aparecía muchas veces, según
dicen, como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en palacio.
Decían que de noche voceaba y bramaba en el aire.
Esta
diosa se llama Cihuacóatl, que quiere decir «mujer de la culebra». Y también la
llamaban Tonantzin, que quiere decir «nuestra madre». En estas dos cosas parece
que esta diosa es nuestra madre Eva, la cual fue engañada de la culebra, y que
ellos tenían noticia del negocio que pasó entre nuestra madre Eva y la culebra.
Los
atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de
manera que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente. Dicen también
que traía una cuna a cuestas, como quien trae a su hijo en ella, y poníase en
el tiánquez entre las otras mujeres, y desapareciendo dexaba allí la cuna.
Cuando las otras mujeres advertían que aquella cuna estaba allí olvidada,
miraban lo que estaba en ella, y hallaban un pedernal como hierro de lanzón con
que ellos mataban a los que sacrificaban. En esto entendían que fue Cihuacóatl
la que lo dexó allí.
CAPITULO VII, trata de la diosa que se llamaba Chicomecóatl. Es otra diosa Ceres
Esta
diosa llamada Chicomecóatl era la diosa de los mantenimientos, así de lo que
come y de lo que bebe. A ésta la pintaban con una corona en la cabeza, y en la
mano derecha un vaso, y en la izquierda una rodela con una flor grande
pintaban; tenía su cueitl y huipilli y sandalias, todo bermejo; y
la cara teñida de bermejo. Debió esta mujer ser la primera mujer que comenzó a
hacer pan y otros manjares guisados.
CAPITULO VIII: trata de una diosa que se llamaba la madre de los dioses, corazón de la Tierra y nuestra abuela
Esta
diosa era la diosa de las medicinas y de las yerbas medicinales. Adorábanla los
médicos y los cirujanos y los sangradores, y también las parteras, y las que
dan yerbas para abortar. Y también los adivinos que dicen la buenaventura, o
mala, que han de tener los niños según su nacimiento. Adorábanla también los
que echan suertes con granos de maíz y los que agurean mirando el agua en una
escudilla, y los que echan suertes con unas cordezuelas que atan unas con
otras, que llaman mecatlapouhque. Y los que sacan gusanillos de la boca
y de los ojos, y pedrezuelas de las otras partes del cuerpo, que se llaman tetlacuicuilique.
También la adoraban los que tienen en sus casas baños o temazcales.
Y todos
ponían la imagen de esta diosa en los baños, y llamábanla Temazcalteci, que
quiere decir «La abuela de los baños».
Todos los
arriba dichos hacían cada año una fiesta a esta diosa, en la cual compraban una
mujer y la componían con los ornamentos que eran desta diosa, como parecen en
la pintura que es de su imagen, y todos los días de su fiesta hacían con ella
areito, y la regalaban mucho, y la halagaban porque no se entristeciese por su
muerte ni llorase. Y le daban a comer delicadamente, y convidaban con lo que
había de comer, y la rogaban que comiese, como a gran señora. Y estos días
hacían delante della ardides de guerra con vocería y regocijo, y con muchas
devisas de guerra, y daban dones a los soldados que delante della peleaban por
hacerla placer y regocijo.
Llegada
la hora cuando había de morir, después de haberla muerto con otros dos que la
acompañaban en la muerte, la desollaban, y un hombre o sátrapa vestíase su
pellejo, y traíale vestido por todo el pueblo, y hacían con esto muchas
vanidades.
Las
vestiduras y ornatos desta diosa eran que tenía la boca y barba hasta la
garganta teñida con ulli, que es una goma negra; tenía en el rostro como
un parche redondo de lo mismo; tenía en la cabeza a manera de una gorra hecha
de manta revuelta y añudada; los cabos del nodo caían sobre las espaldas; en el
mesmo nodo estaba enxerido un plumaje del cual salían unas plumas a manera de
llamas; estaban colgando hacia la parte trasera de la cabeza; tenía vestido un huipilli,
el cual en la estremidad de abaxo tenía una cortapisa ancha y arpada; las
naguas que tenía eran blancas; tenía sus cutaras o sandalias en los pies; en la
mano izquierda, una rodela con una chapa redonda de oro en el medio; en la mano
derecha tenía una escoba, que es instrumento para barrer.
CAPITULO IX: Se trata de una diosa llamada Tzaputlatena .Esta diosa que se dice Tzaputlatena fue una mujer, según su nombre nacida en el pueblo de Tzaputla. Y por esto se llama «la madre de Tzaputla», porque fue la primera que inventó la resina que se llama úxitl, y es un aceite sacado por artificio de la resina del pino que aprovecha para sanar muchas enfermedades; y primeramente aprovecha contra una manera de bubas o sarna que nace en la cabeza, que se llama cuaxococihuiztli; y también contra otra enfermedad es provechosa asimismo, que nace en la cabeza, que es como bubas, que se llama chacuachicihuiztli; y también para la sarna de la cabeza. Aprovecha también contra la ronquera de la garganta. Aprovecha también contra las grietas de los pies y de los labios. Es también contra los empeines que nacen en la cara o en las manos. Es también contra el usagre. Contra otras muchas enfermedades es bueno. Y como esta mujer debió ser la primera que halló este aceite, contáronla entre las diosas y hacían la fiesta y sacrificios aquellos que venden y hacen este aceite que se llama úxitl.
CAPITULO X:Se trata de unas diosas que llamaban cihuapipilti
Estas
diosas llamadas cihuapipilti eran todas las mujeres que morían del
primer parto, a las cuales canonizaban por diosas, según está escripta en el
Libro Sexto, en el capítulo veinte y ocho. Allí se cuenta de las cerimonias que
hacían a su muerte, y de la canonización por diosa. Allí se verá a la larga.
Lo que en
el presente capítulo se trata es de que decían que estas diosas andan juntas
por el aire, y aparecen cuando quieren a los que viven sobre la tierra, y a los
niños y niñas los empecen con enfermedades, como es dando enfermedad de
perlesía, y entrando en los cuerpos humanos. Y decían que andaban en las
encrucijadas de los caminos haciendo estos daños. Y por esto los padres y
madres vedaban a sus hijos y hijas que en ciertos días del año en que tenían
que descendían estas diosas que no saliesen fuera de casa, porque no topasen
con ellos destas diosas, y no los hiciesen algún daño. Y cuando alguno le daba
perlesía o otra enfermedad repentina, o entraba en él algún demonio, decían que
esta diosa lo había hecho.
Y por
esto las hacían fiesta, y en esta fiesta ofrecían en su templo, o en las
encrucijadas de los caminos, pan hecha de diversas figuras: unos, como
mariposas; otros, de figura del rayo que cae del cielo, que llaman xonecuilli;
y también unos tamalejos que se llaman xucuichtlamatzoalli, y maíz
tostado que llaman ellos ízquitl.
La imagen
destas diosas tiene la cara blanquecina, como si estuviese teñida con color muy
blanco, como es el tízatl; lo mismo los brazos y piernas. Tenían unas
orejeras de oro; los cabellos tocados como las señoras, con sus cornezuelos; el
huipil era pintado de unas olas de negro; las naguas tenían labradas de
diversos colores; tenía sus cutaras blancas.
CAPITULO XI: Se trata de la diosa del agua que la llamaban Chalchiuhtli Icue. Es otra Juno
Esta
diosa llamada Chalchiuhtli Icue, diosa del agua, pintábanla como a mujer. Y
decían que era hermana de los dioses de la lluvia, que llaman tlaloques.
Honrábanla porque decían que ella tenía poder sobre el agua de la mar y de los
ríos, para ahogar los que andan en estas aguas, y hacer tempestades y
torbellinos en el agua, y anegar losnavíos y barcas y otros vasos que andan por
el agua.
Hacían
fiesta a esta diosa en la fiesta que se llama etzalcualiztli, que se
pone en el Segundo Libro, en el capítulo séptimo. Allí está a la larga las
cerimonias y sacrificios con que la festejaban. Allí se podrá ver.
Los que
eran devotas a esta diosa y la festejaban eran todos aquellos que tienen sus
granjerías en el agua, como son los que venden agua en canoas, y los que venden
agua en tinajas en la plaza.
Los
atavíos con que pintaban a esta diosa son que la pintaban la cara con color
amarilla, y la ponían un collar de piedras preciosas de que colgaba una medalla
de oro. En la cabeza tenía una corona hecha de papel pintada de azul claro, con
unos penachos de plumas verdes y con unas borlas que colgaban hacia el
colodrillo, y otras hacia la frente de la misma corona, todo de color azul
claro. Tenía sus orejeras labrada de turquesas de obra mosaica. Estaba vestida
de un huipil y unas naoas pintadas de la misma color azul claro, con unas
franjas de que colgaban caracolitos mariscos. Tenía en la mano izquierda una
rodela con una hoja ancha y redonda que se cría en el agua; la llaman atlacuezona.
Tenía en la mano derecha un vaso con una cruz hecho a manera de la custodia
en que se lleva el sacramento cuando uno solo le lleva, y era como cetro desta
diosa. Tenía sus cutaras blancas.
Los
señores y reyes veneraban mucho a esta diosa, con otras dos que era la diosa de
los mantenimientos, que llamaban Chicumecóatl, y la diosa de la sal, que
llamaban Huixtocíhuatl, porque decían que estas tres diosas mantenían a la
gente popular para que pudiesen vivir y multiplicar.
CAPITULO XII: Trata de la diosa de las cosas carnales, la cual llamaban Tlazultéutl. Es otra Venus
Esta
diosa tenía tres nombres: el uno era que se llamaba Tlazultéutl, que quiere
decir «la diosa de la carnalidad»; el segundo nombre es Ixcuina. Llamábanla
este nombre porque decían que eran cuatro hermanas: la primera era primogénita
o hermana mayor, que llamaban Tiacapan; la segunda era hermana menor, que
llamaban Teicu; la tercera era la de medio, la cual llamaban Tlaco; la cuarta
era la menor de todos, que llamaban Xucotzin. Estas cuatro hermanas decían que
eran las diosas de la carnalidad. En los nombres bien significa a todas las
mujeres que son aptas para el acto carnal. El tercero nombre desta diosa es
Tlaelcuani, que quiere decir «comedora de cosas sucias», esto es que, según
decían, las mujeres y hombres carnales confesaban sus pecados a estas diosas
cuanto quiera que fuesen torpes y sucias, que ellas los perdonaban.
También
decían que esta diosa o diosas tenían poder para provocar a luxuria, y para
inspirar cosas carnales, y para favorecer los torpes amores. Y después de
hechos los pecados, decían que tenían también poder para perdonarlos y alimpiar
dellos, perdonándolos, si los confesaban a los sus sátrapas, que eran los
adivinos que tienen los libros de las adivinanzas y de las venturas de los que nacen,
y de las hechicerías y agüeros, y de las traditiones de los antiguos, que
vinieron de mano en mano hasta ellos.
Pues
desque el penitente determinaba de se confesar, iba luego a buscar a alguno de
los ya dichos, delante quien se solían confesar, y decíale: «Señor, querríame
llegar a Dios todopoderoso, y que es amparador de todos, el cual se llama
Yoalli Ehécatl, esto es, Tezcatlipoca. Querría hablar en secreto mis pecados.»
Oído esto, el sátrapa decíale: « Seas hayas muy bien venido, hijo, que lo que
decís que queréis hacer para vuestro bien y provecho es.» Dicho esto miraba
luego el libro de las adivinanzas, que se llamaba tonalámatl, para por
él saber qué día sería más oportuno para aquella obra. Y habiendo visto el día
que convenía, decíale: «Para tal día vendréis, porque entonces reina buen
signo, para que esto se haga prósperamente.» Llegado el día que le había
mandado que volviese, el penitente compraba un petate nuevo y encienso blanco,
que llaman capalli, y leña para el fuego en que se había de quemar el copalli.
Y si el penitente era persona principal o puesta en dignidad, el sátrapa
iba a su casa para confesarle, o por ventura el penitente, aunque fuese
principal, iba a su casa del sátrapa. Llegado, barría muy bien el lugar donde
se había de tender el petate nuevo para ponerse sobre el confesor, y luego
encendían fuego y echaba el copal en el fuego el sátrapa, y hablaba al fuego.
Decíale: «Vos, señor, que sois el padre y la madre de los dioses, y sois el más
antiguo dios, sabed que es venido aquí este vuestro vasallo, este vuestro
siervo. Y viene llorando, viene con gran tristeza, y viene con gran dolor, y
esto es porque se conoce haber errado, haber resbalado y tropezado y encontrado
con algunas suciedades de pecados y con algunos graves delictos dignos de
muerte, y desto viene muy penado y fatigado. Señor nuestro, muy piadoso, pues
que sois amparador y defensor de todos, recebid a penitencia, oíd la angustia
deste vuestro siervo y vasallo. »
Acabada
esta oración, el sátrapa volvíase al penitente y hablábale desta manera: «Hijo,
has venido a la presencia del dios favorecedor y amparador de todos. Veniste a
publicarle tus interiores hedores y pudredumbres. Vienes a abrirle los secretos
de tu corazón. Mira que no te despeñas. Mira que no te desbarranques mintiendo
en su presencia de nuestro señor. Desnúdate. Echa fuera todas tus vergüenzas en
presencia de nuestro señor, el cual se llama Yoalli Ehécatl, esto es,
Tezcatlipuca. Es cierto que estás delante dél, aunque no eres digno de verle ni
aun que él te hable, porque es invisible y no palpable. Pues mira cómo vienes,
qué corazón traes. No dudes de publicar tus secretos en su presencia. Cuenta tu
vida; relata tus obras de la misma manera que heciste tus excesos y ofensas;
derrama tus maldades en su presencia; cuenta con tristeza a nuestro señor Dios,
que es favorecedor de todas y tiene abiertos loa brazos y está aparejado para
abrazarte y para tomarte a cuestas. Mira que no dexes nada por vergüenza. Mira
que no dexes nada por flaqueza.»
Oído
esto, el penitente luego hacía juramento de decir la verdad, de la manera que
ellos usaban jurar, tocando la tierra con la mano y lamiendo lo que se le había
pegado. Y luego echaba copallien el fuego, que era otro fundamento cerca
de decir la verdad. Luego se sentaba delante del sátrapa y, porque le tenía
como por imagen y por vicario del dios, comenzábale a hablar desta manera: «Oh
señor nuestro, que a todos recibes y ampares, oye mis hediondezas y
podredumbres. En tu presencia me desnudo y echo fuera todas mis vergüenzas,
cuantas he hecho. No te son, por cierto, ocultas mis maldades que he hecho,
porque todas las cosas te son manifiestas y claras. »
Dicho
esto, luego comienza a decir sus pecados, por la misma orden que los hizo, con
toda claridad y reposo, como quien dice un cantar muy de espacio y muy
pronunciado y como quien va por un camino muy derecho, sin desviar a una parte
ni a otra. Y acabando de decir todo lo que había hecho, comenzaba luego a
hablar el sátrapa, diciendo desta manera: «Hijo, has hablado a nuestro señor
Dios diciendo delante dél tus malas obras. Agora también en su nombre te quiero
decir lo que eres obligado a hacer cuando descienden a la tierra las diosas
llamadas cihuapipilti, o cuando se hace la fiesta de las diosas de la
carnalidad que se llaman ixcuiname: ayunarás cuatro días, afligiendo tu
estómago y tu boca, y llegado el día de la fiesta destas diosas ixcuiname, luego
de mañana o en amaneciendo, para que hagas la penitencia convenible por tus
pecados, pasarás la lengua por el medio de parte a parte con algunas mimbres
que se llaman teucalzácatlo tlácotl, y si más quisieres, pasarlas
has por las orejas, lo uno de dos. Y esto harás en penitencia y satisfacción
por tu pecado, no por vía de merecimiento, sino en penitencia del mal que heciste.
Traspasarás la lengua por el medio con alguna espina de maguey, y después, por
el mismo agujero, pasarás las mimbres. Pasarás cada una por delante tu cara, y
acabando de sacarla arrojarla has atrás de ti, hacia las espaldas, y si
quisieses de todas ellas hacer una, atando todas, la una con la otra, ora sean
cuatrocientas o ochocientas las que hubieres de sacar por la lengua, haciendo
esto se te perdonan las suciedades que heciste.»
Y si no
tiene muchos ni graves pecados el penitente, dícele el sátrapa delante de quien
se confiesa: «Hijo, ayunarás, fatigarás tu estómago con hambre y tu boca con
sed, comiendo sola una vez al medio día, y esto cuatro días.» O le mandaba:
«Irás a ofrecer papeles a los lugares acostumbrados, y harás imágines. Cubrirás
con ellos las imágines que llevares hechas, según tu devoción, y harás en su
presencia la cerimonia acostumbrada de cantar y bailar en su presencia.» O le
decía: «Has ofendido a dios, ernborrachándote. Conviénete satisfacer al dios
del vino llamado Totochti, y cuando fueres a hacer esta penitencia irás de
noche, irás desnudo sin que lleves ninguna otra cosa sino un papel delante y
otro detrás, para cubrir tus partes vergonzosas. Y cuando hecha tu oración te
volvieres, los papeles con que vas ceñido detrás y delante arrojarlos has
delante de los dioses que allí están.»
Acabada
la confesión y recebida la penitencia, el penitente íbase para su casa y
procuraba de nunca más volver a hacer aquellos pecados de que se había
confesado, porque decían que si otra vez reincidía en los pecados no tenía
remedio.
No hacían
esta confesión sino los viejos, por graves pecados como es adulterios,
etcétera, y la razón porque se confesaban era por librarse de la pena temporal
que estaba señalada a los que caían en tales pecados, por librarse de no
recebir pena de muerte, o machucándole la cabeza, o haciéndola tortilla entre
dos grandes piedras.
Es de
saber que los sátrapas que oían los pecados tenían gran secreto, que jamás
decían lo que habían oído en la confesión, porque tenían que no lo habían oído
ellos sino su dios, delante de quien sólo, se descubrían los pecados. No se
pensaba que hombre los hubiese oído, ni hombre se hubiesen dicho sino a Dios.
Cerca de
lo arriba dicho sabemos que aún después acá, en el cristianismo, porfían a
llevarlo adelante, en cuanto toca a hacer penitencia y confesarse por los
pecados graves y públicos, como es homicidio, adulterio, etcétera, pensando
que, como en el tiempo pasado, por la confesión y penitencia que hacían se les
perdonaban aquellos pecados en el foro judicial, también agora, cuando alguno
mata o adultera, acógese a nuestras casas y monasterios, y, callando lo que
hicieron, dicen que quieren hacer penitencia, y cavan en la huerta, y barren en
la casa, y hacen lo que les mandan, y confiésanse de allí algunos días, y
entonces declaran su pecado y la causa porque vinieron a hacer penitencia.
Acabada su confesión, demandan una cédula firmada del confesor, con propósito
de mostrarla a los que rigen, gobernador y alcaldes, para que sepan que han
hecho penitencia, y confesados, y que ya no tiene nada contra ellos la
justicia.
Este
embuste casi ninguno de los religiosos ni clérigos entienden por dónde va, por
ignorar la costumbre antigua que tenían, según que arriba está escripto, mas
antes piensan que la cédula la demandan para mostrar cómo está confesado aquel
año. Esto sabemos por mucha esperiencia que dello tenemos.
Dice que
se confesaban los viejos, y de los grandes pecados de la carne. Desto bien se
arguye que, aunque habían hecho muchos pecados en tiempo de su juventud, no se
confesaban dellos hasta la vejez, por no se obligar a cesar de pecar ante de la
vejez, por la opinión que tenían que el que tornaba a reincidir en los pecados,
al que se confesaba una vez no tenía remedio.
En lo
arriba dicho no hay poco fundamento para argüir que estos indios desta Nueva
España se tenían por obligados de se confesar una vez en la vida, y esto in
lumine natural, sin haber tenido noticia de las cosas de la fe.
CAPITULO XIII:Trata de los dioses que son menores en dignidad que los arriba dichos, y el primero déstos es que llaman Xiuhtecuhtli. Es otro Vulcán
Este dios
del fuego llamado Xiuhtecuhtli tiene también otros dos nombres: el uno es
Ixcozauhqui, que quiere decir «cariamarilla», y el otro es Cuezaltzin, que
quiere decir «llama de fuego». También se llamaba Huehuetéutl, que quiere decir
«el dios antiguo».
Y todos
le tenían por padre, considerando los efectos que hacía, porque quema, y la
llama enciende y abrasa. Estos son efectos que causan temor. Otros efectos
tiene que causan amor y reverencia, como es que calienta a los que tienen frío,
y guisa las viandas para comer, asando y cociendo, y tostando y friendo. El
hace la sal y la miel espesa, y el carbón y la cal, y calienta los baños para
bañarse, y hace el aceite que se llama úxitl. Con él se calienta la
lejía y agua para lavar las ropas sucias y viejas, y se vuelven así nuevas.
A este
dios se le hacía fiesta cada año, al fin del mes que se llama izcalli, y
a su imagen le ponían todas las vestiduras y atavíos y plumajes del principal
señor en tiempo de Motecuzuma. Hacíanla a semejanza de Motecuzuma, y en tiempo
de los otros señores pasados hacíanle la semejanza de cada uno dellos. Y puesto
en su altar o trono, descabezaban en su presencia muchas codornices. Derramaban
la sangre dellas delante dél, y también ofrecíanle copal como a dios, y
ofrecíanle unos pastelejos que llaman quiltamalli, hechos de bledos, y
estos mismos comían por su honra. En todos los barrios, por su honra, en cada
casa antes que los comiesen, los ofrecían al fuego, y ante de ofrecérselos no
los comían. Y los sátrapas que estaban diputados al servicio deste dios, que
los llamaban ihuehueyohuan, que quiere decir «sus viejos», todo el día
hacían areito o danza en su presencia, cantando y bailando a su modo, y tanían
caracoles como cuernos, y tanían atambores y teponaztli, que son
atambores de madera. Y traían en las manos unas sonajas de trebejos o
trebesinas con propósito del cantar. Son a la manera de trebejos o trebesinas
con que hacen callar a los niños cuando lloran. Usanse en los campos.
No se
cocía pan en comal en este día, y en esto se tenía cuidado de que nadie cociese
pan ni otra cosa en comal, porque ninguno se tocase del fuego, por ser el
primero día en que se comían y ofrecían los tamales arriba dichos.
En esta
misma fiesta los padres y madres de los niños cazaban, unos, culebras; otros,
ranas; otros, peces que se llaman xohuiles, o lagartillos del agua que
se llaman axólotl, o aves, o cualquier otros animalejos. Y éstos
echábanlos en las brasas en el hogar. Y desque ya estaban tostados, comíanlos
los niños y decían: «Come cosas tostadas nuestro padre el fuego.»
Y llegada
la noche, los viejos y viejas todos bebían uctli, que es vino de la
tierra, y del uctli que bebían derramaban ante que bebiesen en cuatro
partes del hogar, del uctli que habían de beber. Y a esto decían que
daban a gustar al fuego aquella bebida, honrándole como a dios en esto, que era
como sacrificio o ofrenda.
Y de
cuatro en cuatro años hacíase esta fiesta muy solenne, y hacía areito el señor
con todos sus principales delante de la casa o templo deste dios, y en esta
fiesta de cuatro en cuatro años no solamente los viejos y viejas bebían vino o
pulque, pero todos, mozos y mozas, niños y niñas lo bebían. Por eso se llamaba
esta fiesta pillahuano, que quiere decir «fiesta donde los niños y niñas
beben el vino o pulcre». Y daban padrinos y madrinas a los niños, y
buscábanselos sus padres y madres, y dábanlos algunos dones. Estos padrinos y
madrinas llevaban a cuestas a los niños y niñas que eran sus ahijados al templo
deste dios del fuego. También le llamaban Ixcozauhqui. Allí, delante dél,
agujeraban las orejas a todos los niños y niñas. Señalábanlos desta señal en
presencia de sus padrinos y madrinas, que los llamaban imahuihuan,
intlahuan. Hecho esto, comían todos juntos padres y madres, padrinos y
madrinas, niños y niñas.
La imagen
deste dios se pintaban un hombre desnudo, el cual tenía la barba teñida con la
resina que es llamada ulli, que es negra, y un barbote de piedra
colorada en el agujero de la barba. Tenía en la cabeza una corona de papel
pintada de diversas colores y de diversos labores. En lo alto de la corona
tenía unos penachos de plumas verdes, a manera de llamas de fuego. Tenía unas
borlas de urnas hacia los lados, como pendientes hacia las orejas. Tenía unas
orejeras en los agujeros de las orejas, labradas de turquesas, de labor
mosaico. Tenía a cuestas un plumaje hecho a manera de una cabeza de un dragón,
labrado de plumas amarillas, con unos caracolitos mariscos. Tenía unos
cascabeles atados a las gargantas de los pies. Tenía en la mano izquierda una
rodela con cinco piedras verdes que se llaman chalchihuites, puestos a manera
de cruz sobre una chapa de oro; casi cubría toda la rodela. En la mano derecha
tenía una manera de cetro, que era una chapa de oro redonda, agujerada por el
medio, y sobre ella un remate de dos globos, otro mayor y otro menor, con una
punta sobre el menor. Llamaban a este cetro tlachieloni, que quiere
decir «miradero» o «mirador», porque con él ocultaba la cara y miraba por el
agujero de medio de la chapa de oro.
CAPITULO
XIV, habla cerca de un dios que se llamaba Macuilxóchitl, que
quiere decir «cinco flores», y también se llamaba Xochipilli, que quiere decir
«el principal que da flores» o «que tiene cargo de dar flores»
A este dios llamado Macuilxóchitl teníanle por dios, como el
arriba dicho, que es el dios del fuego. Era más particular dios de los que
moraban en las casas de los señores o en los palacios de los principales. A
honra deste dios hacían fiesta, y su fiesta se llamaba xochílhuitl, la
cual fiesta se contaba entre las fiestas movibles que están en el Cuarto Libro,
que trata del arte adivinatoria.
Cuatro días antes desta fiesta ayunaban todos los que la celebraban,
así hombres como mujeres. Y si algún hombre en el tiempo deste ayuno tenía
acceso a mujer, o alguna mujer a hombre durante el dicho ayuno, decían que
ensuciaba su ayuno, y este dios se ofendía mucho desto, y por esto hería con
enfermedades de las partes secretas a los que tal hacían, como son almorranas,
pudredumbre del miembro secreto, deviesos y incordios, etcétera. Y porque
tenían entendido que estas enfermedades eran castigos deste dios, por la causa
arriba dicha, hacíanle votos y prometimientos para que se aplacase y cesase de
afligir con aquellas enfermedades.
Cuando llegaba esta fiesta deste dios, que se llamaba xochílhuitl,
que quiere decir «la fiesta de las flores», como dicho es, ayunaban todos
cuatro días. Algunos no comían chilli o axí, y comían solamente al medio
día, y a la media noche bebían una mazamorra que se llamaba tlacuilolatulli,
que quiere decir «mazamorra pintada», con una flor puesta encima, en el
medio. Llamábase este ayuno «el ayuno de las flores».
También los que ayunaban sin dexar el chilli ni otras
cosas sabrosas que suelen comer, comían una vez sola al mediodía. Otros
ayunaban comiendo panes ázimos, esto es, que el maíz de que se hacía el pan que
comían no se cocía con cal ante de molerlo, que esto es como hormentar, sino
molían el maíz seco y de aquella harina hacían pan, y cocíanlo en el comal, y
no comían chihhini otra cosa con ello. No comían más que una vez al
mediodía.
Llegado el quinto día era la fiesta deste dios. En esta
fiesta uno se componía con los atavíos deste dios, como si fuera su imagen o
persona, que significaba al mismo dios. Con éste hacían areito con cantares y
con teponahuaztli* y atambor. Llegando al mediodía desta fiesta
descabezaban muchos codornices, derramando la sangre delante deste dios y de su
imagen. Otros sangrábanse de las orejas delante dél. Otros traspasaban las
lenguas con una punta de maguey, y por aquel agujero pasaban muchas mimbres
delgadas, derramando sangre. También le hacían otras ofrendas en su templo.
Hacían también una cerimonia que hacían cinco tamales. Son como panes redondos
hechos de maíz, ni bien rollizos ni bien redondos, que se llamaban «pande
ayuno». Eran grandes, encima de los cuales iba una saeta hincada, que llamaban xúchmitl.
Esta era ofrenda de todo el pueblo. Los particulares que querían ofrecían
en un plato de madera cinco tamales pequeños, a la manera de los arriba dichos,
que diximos ser grandes, con chilmolli en otro vaso. Ofrecían asimesmo
dos pasteles que llaman tzoallien lugar del ulli—goma negra— que
otros ofrecían, en unos platos de madera; y el uno destos pastelejos era negro,
y el otro bermejo. La otra gente ofrecían diversas cosas: unos ofrecían maíz
tostado; otros, maíz revuelto con miel y con harina de semilla de bledos;
otros, hecho de pan una manera de rayo, como cuando cae del cielo, que llaman xonecuilli;
otros ofrecían pan hecho a manera de mariposa; otros ofrecían panes ázimos,
que ellos llaman yotlaxcalli; otros ofrecían unas tortas hechas de
semillas de bledos; otros ofrecían unas tortas hechas a manera de rodela, de la
misma semilla hechas; otros hacían saetas; otros, espadas hechas de una masa
desta misma semilla; otros ofrecían muñecas hechas de la misma masa.
En esta misma fiesta todos los principales y calpixques de la
comarca de México, que lindaban con los pueblos de guerra, traían a México los
captivos que tenían, o comprados o que por sí mismos los habían captivado, y
entregábanlos a los calpixques para que los guardasen para el tiempo en que
fuesen menester ser sacrificados delante de los ídolos. Y si alguno destos
esclavos se huían entretanto que se llegaba el tiempo de su sacrificio, el
mismo calpixquique lo tenía a cargo era obligado a comprar otro y
ponerle en el lugar del otro que había huido.
La imagen deste dios era como un hombre desnudo que está
desollado o teñido de bermellón; y tenía la boca y la barba teñida de blanco y
negro y azul claro; la cara teñida de bermejo. Tenía una corona tenida de verde
claro, con unos penachos de la misma color. Tenía unas borlas que colgaban de
la corona hacia las espaldas. Tenía a cuestas una divisa o plumaje, que era
como una bandera que está hincada en un cerro, y en lo alto tenía unos penachos
verdes. Tenía ceñido por el medio del cuerpo una manta bermeja, que colgaba
hasta los muslos. Esta manta tenía una franja de que colgaban unos caracolitos
mariscos. Tenía en los [pies] unas cotaras o sandalias muy curiosamente hechas.
En la mano izquierda tenía una rodela, la cual era blanca, y en el medio tenía
cuatro piedras puestas de dos en dos juntas. Tenía un cetro hecho a manera de
corazón, que en lo alto tenía unos penachos verdes, y de lo baxo colgaban
también otros penachos verdes y amarillos.
* Debe decir teponaztli.
CAPITULO XV, habla del dios llamado Omácatl. Quiere decir «dos cañas». Es el dios de los convites
Este dios de los convites decían que tenía dominio y poder
sobre los convites y convidados, que es cuando los principales hermanos
convidaban a toda su parentela para darlos de comer y mantas y flores y que
bailasen y danzasen y cantasen en su casa. Y cuando este regocijo se había de
hacer, el que le hacía llevaba la imagen deste dios a su casa. Llevábanla
algunos sátrapas de los que servían en su templo. Decían que si no le hacían
aquella honra que se le debía hacer, enojábase y aparecía en sueños al dueño
del convite, y reprendíale y reñíale, diciendo desta manera: «Tú, mal hombre,
¿por qué no me has honrado como convenía? Yo te dexaré. Yo me apartaré de ti, y
tú me pagarás muy bien la injuria que has hecho.»
Y si mucho se enojaba, mostraba su enojo en que entre la
comida y bebida mezclaba pelos o cabellos, para dar pena a los convidados y
deshonra al señor del convite. Y éstos, cuando comulgaban en la fiesta deste
dios, enfermaban muchas veces. Y cuando comían o bebían, añuscábanse con la
comida o bebida, que no la podían tragar, y yendo y andando tropezaban y caían
muchas veces.
Y cuando hacían fiesta a este dios, que era de noche,
comulgaban con su cuerpo. Y para esta comunión los principales y teupixques, y
los que tenían cargo de los barrios, hacían de masa una figura de un hueso
grueso, redondo y largo como un cobdo, y llamábanle el hueso deste dios. Y
antes que comulgasen comían y bebían pulcre. Después de haber comido y bebido,
en amaneciendo, al que era la imagen deste dios punzábanle en la barriga con
alfileres o con cosa semejante, y lastimábanle. Hecho esto, repartían aquella
figura de hueso que habían hecho de masa que se llama tzoalli, y
dividíanla entre sí, y comían cada uno lo que le cabía. Y todos estos que aquí
comulgaban se tenía por dicho y entendido que el año que venía, en esta fiesta
habían de contribuir para hacer la fiesta deste dios, proveyendo todo lo
necesario que había de gastar en ella.
La imagen deste dios era como un hombre que está asentado
sobre un haz de juncias. Tenía la cara manchada de negro y blanco. Tenía una
corona de papel apretada a la frente con una venda larga y ancha, de diversas
colores, la cual estaba añudada hacia el colodrillo con una lazada que parecían
borlas. Tenía revuelta a la corona unas cuentas de chalchihuites. Tenía puesta
una manta a manera de red con que estaba cubierto, la cual tenía una franja
ancha donde estaban sembradas unas flores, texidas en la misma franja. Tenía
una rodela junto a sí, de la cual colgaban unas borlas anchas por la parte de
abaxo. Tenía en la mano derecha un cetro donde estaba una medalla redonda,
agujerada a manera de claraboya. Estaba asentada de canto sobre una impugnadora
redonda, y en alto tenía un chapitel piramidal. A este cetro llamaban tlachieloni,
que quiere decir «miradero», porque encubría la cara con la medalla y
miraba por la claraboya.
CAPITULO XVI, en que se trata del dios llamado Ixtlilton, que quiere decir «el negrillo», y también se llama Tlaltetecuin
A este dios hacíanle un oratorio de tablas pintadas, como
tabernáculo, donde estaba su imagen. En este oratorio o templo había muchos
lebrillos y tinajas de agua. Todas estaban atapadas con tablas o comales.
Llamaban a esta agua tlílatl, que quiere decir «agua negra». Y cuando
algún niño enfermaba, llevábanle al templo o tabernáculo deste dios Ixtlilton,
y abrían una de aquellas tinajas, y daban a beber al niño de aquel agua, y con
ella sanaba. Y cuando alguno quería hacer la fiesta deste dios, por su devoción
llevaba a su imagen a su casa. Esta imagen no era de bulto ni pintada, sino era
uno de los sátrapas, que se vestía los ornamentos deste dios, y cuando le
llevaban íbanle encensando delante con humo de copal. Como llegaba esta imagen
a la casa del que había de hacerle fiesta con danzas y cantares, como ellos
usaban, porque esta manera de danzar o bailar es muy diferente de nuestros
bailes y danzas, pongo aquí la manera que tienen en estas danzas o bailes, que
por otro nombre se llaman areitos, y en su lengua se llaman macehualiztli, juntábanse
muchos de dos en dos, o de tres en tres, en un gran corro, según la cantidad de
los que eran, llevando flores en las manos, y ataviados con plumajes. Hacían
todos a una un mesmo meneo con el cuerpo y con los pies y con las manos, cosa
bien de ver y bien artificiosa. Todos los meneos iban según el son que tañían
los tañedores del atambor y del teponaztli. Con esto iban cantando con
gran concierto todos, y con voces muy sonoras los loores de aquel dios a quien
festejaban, y lo mismo usan agora, aunque enderezado de otra manera. Enderezan
los meneos con tenencias y atavíos conforme a lo que cantan, porque usan
diversísimos meneos y diversísimos tonos en el cantar; pero todo muy agraciado
y aun muy místico. El bosque de la idolatría no está talado.
Llegado como está dicho la imagen deste dios a la casa del
que la festejaba, lo primero que hacían era comer y beber, después de lo cual
comenzaban la danza y cantar del dios a quien festejaban. Después que este dios
había bailado con los demás gran rato, entraba dentro de casa a la bodega donde
estaba el pulcre o vino que ellos usaban en muchas tinajas, todas atapadas con
tablas o comales embarrados, las cuales había cuatro días que estaban atapadas.
Este dios abría una o muchas, y a este abrimiento llamaban tlayacaxapotla;
quiere decir esto «abrimiento primero» o «vino nuevo». Hecho este abrimiento,
él y los que iban con él bebían de aquel vino y salíanse fuera al patio, al
patio de la casa donde se hacía la fiesta, y iban donde estaban las tinajas del
agua negra que eran dedicadas a él y habían estado cerradas cuatro días. Y
abríalas este mismo que era la imagen deste dios. Y si después de abiertas
estas tinajas parecía en alguna dellas alguna suciedad, como alguna pajuela o
cabello, o pelo o carbón, luego decían que el que hacía la fiesta era hombre de
mala vida, adúltero o ladrón, o dado al vicio carnal, y entonces le afrontaban
con decirle que alguno de aquellos vicios estaban en él, o que era sembrador de
discordias, o de cizañas. Afrontábanle en presencia de todos. Y cuando aquel
que era la imagen deste dios salía de aquella casa, dábanle mantas, las cuales
llamaban ixquen, que quiere decir «cubertura de la cara», porque quedaba
avergonzado aquel que había hecho la fiesta si alguna falta se hallaba en el
agua negra. La manera de atavíos deste dios se pondrá al fin deste libro.
CAPITULO XVII, habla del dios llamado Opuchtli, el cual era tenido y adorado en esta Nueva España
Este dios llamado Opuchtli le contaban con los dioses que se
llamaban tlaloques, que quiere decir «habitadores del paraíso terrenal», aunque
sabían que era puro hombre. Atribuían a este dios la invención de las redes
para pescar peces, y también un instrumento para matar peces que le llaman minacachalli,
que es como fisga, aunque no tiene sino tres puntas en triángulo, como
tridente, con que hiere a los peces; y también con él matan aves. También éste
inventó los lazos para matar las aves y los remos para remar.
Cuando hacían fiesta a este dios los pescadores y gente del
agua que tienen sus grangerías en las aguas, al cual tenían por dios,
ofrecíanle cosas de comer y vino de lo que ellos usaban, que se llama uctli,
y por otro nombre se llama pulcre. También le ofrecían cañas de maíz
verdes, y flores y cañas de humo que llaman yietl, y encienso blanco que
llaman copalli, y una yerba olorosa que se llama yiauhtli
sembraban delante dél, como cuando echan juncos cuando se hace procesión.
Usaban también en esta solennidad de unas sonajas que iban en unos báculos
huecos, que sonaban como cascabeles, o casi. Sembraban también delante dél un
maíz tostado que llaman mumúchitl, que es una manera de maíz que cuando
se tuesta revienta y descubre el meollo, y se hace como una flor muy blanca.
Decían que éstos eran granizos, los cuales son atribuidos a los dioses del
agua. Los viejos sátrapas que tenían cargo deste dios, y las viejas, decíanle
los cantares de su loor.
La imagen deste dios es un hombre desnudo y teñido de negro
todo, y la cara pardilla, tirante a las plumas de la codorniz. Tenía una corona
de papel de diversas colores, compuesta a manera de rosa, que las unas hojas
sobrepujan a las otras, y encima tenía un penacho de plumas verdes que salían
de una borla amarilla. Colgaban desta corona unas borlas largas, hacia las
espaldas. Tenía una estola verde cruzada, a manera de las que se ponen los
sacerdotes cuando dicen misa. Tenía ceñido unos papeles verdes que le colgaban
hasta las rodillas. Tenía unas cotaras o sandalias blancas. Tenía la mano
izquierda una rodela tenida de colorado, y en el medio de este campo una flor
blanca con cuatro hojas a manera de cruz, y de los espacios de las hojas salían
cuatro puntas que eran también hojas de la misma flor. Tenía un cetro en la
mano derecha, como un cáliz, y de lo alto dél salía como un casquillo de saeta.
CAPITULO XVIII, que habla del dios llamado Xipe Tótec, que quiere decir «desollado»
Este dios era honrado de aquellos que vivían a la orilla de
la mar, y su origen tuvo en Tzapotlan, pueblo de Xalixco.
Atribuían a este dios estas enfermedades que se siguen:
primeramente las viruelas; también las postemas que se hacen en el cuerpo, y la
sarna; también las enfermedades de los ojos, como es el mal de los ojos que
procede de mucho beber, y todas las demás enfermedades que se causan en los
ojos. Todos los que eran enfermos de alguna de las enfermedades dichas, hacían
voto a este dios de vestir su pellejo cuando se hiciese su fiesta, la cual se
llama tlacaxipehualiztli, que quiere decir «desollamiento de hombres».
En esta fiesta hacían como un juego de cañas, de manera que
el un bando era de la parte deste dios o imagen del dios Tótec, y éstos todos
iban vestidos de pellejos de hombres que habían muerto y desollado en aquella
fiesta, todos recientes y sangrientos y corriendo sangre. Los del bando contrario
eran los soldados valientes y osados, y personas belicosas y esforzados que no
tenían en nada la muerte, osados, atrevidos que de su voluntad salían a
combatirse con los otros. Allí los unos con los otros se exercitaban en el
exercicio de la guerra. Perseguían los unos a los otros hasta su puesto, y de
allí volvían huyendo hasta su propio puesto. Acabado este juego, aquellos que
llevaban los pellejos de los hombres vestidos, que eran de la parte deste dios
Tótec, íbanse por todo el pueblo y entraban en las casas demandando que les
diesen alguna limosna por el amor de aquel dios. En las casas onde entraban
hacíanlos sentar sobre unos hacecillos de hojas de tzapotes, y echábanlos al
cuello unos sartales de mazorcas de maíz, y otros sartales de flores, que iban
desde el cuello hacia los sobacos. Y poníanlas guirnaldas y dábanlos a beber
pulcre, que es su vino.
Si algunas mujeres enfermaban destas enfermedades dichas
arriba, en esta fiesta deste dios ofrecían sus ofrendas, según qué habían
votado.
La imagen deste dios es a manera de un hombre desnudo que
tiene el un lado teñido de amarillo y el otro de leonado. Tiene la cara labrada
de ambas partes a manera de una tira angosta que cae desde la frente hasta la
quixada. En la cabeza, a manera de un capillo de diversas colores, con unas
borlas que cuelgan hacia las espaldas. Tiene vestido un cuero de hombre. Tiene
los cabellos tranzados en dos partes, y unas orejeras de oro. Está ceñido con
unas faldetas verdes que le llegan hasta las rodillas, con unos caracolillos
pendientes. Tiene unas cotaras o sandalias. Tiene una rodela de color amarillo,
con un remate colorado todo alrededor. Tiene un cetro con ambas manos, a manera
de la copa de la dormidera, donde tiene la semilla, con un casquillo de saeta
encima empinado.
CAPITULO XIX, habla del dios que se llamaba Yiacatecuhtli, dios de los mercaderes
Este dios llamado Yiacatecuhtli hay conjectura que comenzó
los tratos y mercaderías entre esta gente, y ansí los mercaderes le tomaron por
dios y le honraban de diversas maneras. Una de las cosas con que le honraban
era que le ofrecían papel, y le cubijaban con el mismo papel donde quiera que
estaban sus estatuas. También tenían en mucha veneración al báculo con que
caminaban, que era una caña maciza que ellos llaman útlatl, y también
usan de otra manera de báculo que es una caña negra liviana, maciza, sin ñudo
ninguno, que es como junco de los que se usan en España. Todos los mercaderes
usan desta manera de báculos por el camino, y cuando llegaban a donde habían de
dormir, juntaban todos sus báculos en una gavilla atados, y hincábanlos a la
cabecera donde habían de dormir, y derramaban sangre delante dellos, de las
orejas o de la lengua o de las piernas o de los brazos. Y ofrecían copal.
Hacían fuego y quemábanle delante de los báculos, los cuales tenían por imagen
del mismo dios, y en ellos honraban al mismo dios Yiacatecuhtli. Con esto le
suplicaban que los amparase de todo peligro.
Estos mercaderes discurren por toda la tierra, tratando,
comprando en una parte y vendiendo en otra lo que habían comprado. Estos
mercaderes discurren por todas las poblaciones que están ribera de la mar y la
tierra adentro. No dexan cosa que no escudriñan y pasean, en unas partes
comprando y en otras vendiendo. No dexan lugar donde no buscan lo que allí se
puede comprar o vender, ni porque la tierra sea muy caliente ni porque sea muy
fría, ni porque sea muy áspera no dexan de pasarla ni de trastornalla, buscando
lo que en ella hay precioso o provechoso para comprar o vender. Son estos mercaderes
sufridores de muchos trabajos, y osados para entrar en todas las tierras aunque
sean las tierras de enemigos, y muy astutos para tratar con los estraños, así
deprendiendo sus lenguas como tratando con ellos con benivolencia para
atraerlos a su familiaridad. Estos descubren dónde hay las plumas preciosas y
las piedras preciosas y el oro, y las compran y las llevan a vender donde saben
que han de valer mucho. También éstos descubren a dónde hay pellejos de
animales esquisitos y preciosos, y los venden donde valen mucho. Tratan también
en vasos preciosos, hechos de diversas maneras y pintados con diversas figuras,
según que en diversas tierras se usan, unos con tapaderos hechos de conchas de
tortugas, y cucharas de lo mismo para revolver el cacao; otros con tapaderos
muy pintados de diversas colores, y figuras hechas a manera de una hoja de un
árbol, y otros palos preciosos para revolver el cacao.
Si han de entrar en tierra de guerra, primero deprenden el
lenguaje de aquella gente, y toman el traje della para que no parezcan que son
estranjeros, sino que son naturales.
Acontecía muchas veces que los enemigos los conocían y los prendían y mataban. Y si uno o dos o más se podían escapar, iban a dar mandado al señor principal de la tierra, como Motecuzuma o otros de sus antecesores, y llevaban algunas de aquellas riquezas que habían en aquella tierra, y presentábanlas al señor, y contábanle lo que habían pasado, y dábanle la relación de la tierra que habían visto. El señor, en remuneración de sus trabajos, para que fuese honrado en el pueblo y tenido por valiente, poníale un bezote de ámbar, que es una piedra larga amarilla, trasparente, que cuelga del bezo baxo agujerado, en señal que era valiente y era noble, y esto se tenía en mucho.
Acontecía muchas veces que los enemigos los conocían y los prendían y mataban. Y si uno o dos o más se podían escapar, iban a dar mandado al señor principal de la tierra, como Motecuzuma o otros de sus antecesores, y llevaban algunas de aquellas riquezas que habían en aquella tierra, y presentábanlas al señor, y contábanle lo que habían pasado, y dábanle la relación de la tierra que habían visto. El señor, en remuneración de sus trabajos, para que fuese honrado en el pueblo y tenido por valiente, poníale un bezote de ámbar, que es una piedra larga amarilla, trasparente, que cuelga del bezo baxo agujerado, en señal que era valiente y era noble, y esto se tenía en mucho.
Estos mercaderes partíanse de sus parientes con grandes
cerimonias, según sus ritos antiguos, cuando iban a mercadear a tierras
estrañas, y estaban por allá muchos años, y cuando volvían a sus tierras venían
cargados de muchas riquezas. Y para hacer demostración de lo que traían y dar
relación de las tierras por donde habían andado, y de las cosas [que] habían
visto, convidaban a todos los mercaderes, en especial a los principales dellos,
y a los señores del pueblo, y los hacían gran convite. A este convite
llamábanle «lavatorio de pies», y los convidados reverenciaban grandemente al
báculo con que habían ido y vuelto. Tenían que era imagen de aquel dios, y que
le había dado favor para ir y volver y andar los caminos que anduvo. Para hacer
esta honra al báculo le ponían en una de las casas de oración que tenían en los
barrios, que ellos llamaban calpulli, que quiere decir «iglesia del
barrio» o «perrocha». En este calpulli donde se contaba este mercader
ponían el báculo en lugar venerable.
Y cuando daban comida a los convidados, primeramente ponían
comida y flores y acáyietl, etcétera, delante del báculo. Y fuera del
convite todas las veces que comía este mercader ofrecía primeramente comida y
las demás cosas al báculo, que le tenía en su oratorio, dentro de su casa.
Estos mercaderes, después que venían prósperos de las tierras
de donde habían andado, como tenían caudal, compraban esclavos y esclavas para
ofrecerlos a su dios, en su fiesta, el cual principalmente era Yiacatecuhtli, y
éste tenía cinco hermanos y una hermana, y a todos los tenían por dioses. Y
como se inclinaba su devoción, sacrificaban esclavos a cada uno dellos en su
fiesta, o a todos juntos, o a la hermana. El uno de los hermanos se llamaba
Chiconquiáhuitl; el otro, Xomócuil; el otro, Nácxit; el otro, Cochímetl; el
otro, Yacapitzáhuac; la hermana se llamaba Chalmecacíhuatl. A éstos o alguno
dellos ofrecían un esclavo, o más, sacrificándolos en su presencia, vestidos
con los ornamentos de aquel dios, como si fuera su imagen.
Había una feria ordinaria donde se vendían y compraban
esclavos, hombres y mujeres, en un pueblo que se llama Azcaputzalco, que es dos
leguas de México. Allí las iban a escoger entre muchos, y los que compraban
miraban muy bien que el esclavo o esclava no tuviese alguna enfermedad o
fealdad en el cuerpo. A estos esclavos, hombres y mujeres, después que los
compraban, criábanlos en mucho regalo y vestíanlos muy bien. Dábanlos a comer y
beber abundantemente, y bañábanlos con agua caliente, de manera que los
engordaban porque los habían de comer y ofrecer a su dios. También los
regocijaban, haciéndolos cantar y danzar, a las veces sobre la azotea de sus
casas, o en la plaza. Cantaban todos los cantares que sabían, hasta que se
hartaban de cantar, y no estimaban en nada la muerte que les estaba aparejada.
Mataban estos esclavos en la fiesta que se llama panquetzaliztli, y todo
el tiempo antes de llegar a aquella fiesta los regalaban como está dicho. Y si
entre estos esclavos había algún hombre que parecía de buen juicio y que era
diligente para servir y sabía bien cantar, o alguna mujer que era dispuesta y
sabía bien hacer de comer y de beber y labrar y texer, a estos tales los
principales los compraban para servirse dellos en sus casas, y los escapaban
del sacrificio.
La imagen deste dios se pintaba como un indio que iba camino,
con su báculo, y la cara tenía manchada de blanco y negro. En los cabellos
llevaba atadas dos borlas de plumas ricas, que se llamaban quetzalli:
iban atadas en los cabellos del medio de la cabeza, recogidos como una gavilla
de todo lo alto de la cabeza. Tiene unas orejeras de oro. Está cubierto con una
manta azul, y sobre el azul una red negra de manera quel azul se parece por las
mallas de la red. Tenía una flocadura esta manta por todas las orillas, en la
cual estaban texidas unas flores. Tenía en la garganta de los pies unas como
calzuelas de cuero amarillo de las cuales colgaban unos caracolitos mariscos.
Tenía en los pies unas cotaras muy curiosas y labradas. Tenía una rodela teñida
de amarillo con una mancha en el medio, de azul claro, que no tiene ningún
labor. Tenía en la mano derecha su báculo con que van camino.
CAPITULO XX, que habla del dios llamado Nappatecuhtli
Este dios Nappatecuhtli era el dios de los que hacen esteras
de juncias, y es uno de los que llaman tlaloques. Dicen que éste es el que
inventó el arte de hacer esteras, y por eso le adoran por dios los deste oficio
que hacen esteras, que llaman petates, y hacen sentaderos que llaman icpales, y
hacen cañizos de juncias que llaman tolcuextli. Decían que por la virtud
deste dios nacían y se criaban las juncias y juncos y cañas con que ellos hacen
su oficio. Y porque tenían que este dios producía también las lluvias, hacíanle
fiesta donde le reverenciaban y adoraban y le demandaban que diese lascosas que
suele dar, que es agua, juncias, etcétera.
En su fiesta compraban un esclavo para sacrificarle delante
dél, ataviándole con los ornamentos deste dios, como que fuese su imagen. Este,
el día que había de morir, después de compuesto como está dicho, poníanle en la
mano un vaso verde lleno de agua, y con un ramo de salce rociaba a todos con
aquella agua, como quien echa agua bendita. Y cuando entre año alguno destos
deste oficio quería por su devoción hacer fiesta a este dios, daba relación
dello a sus sátrapas, y todos ellos llevaban a un sátrapa vestido con los
ornamentos deste dios, como su imagen, y por donde iba, iba echando el agua,
rociando a los que estaban por donde pasaban con un ramo de salce, como quien
echa agua bendita.
Llegado, poníanle en su lugar y hacían algunas cerimonias en
su presencia, rogándole que hiciese mercedes en aquella casa. El que hacía esta
fiesta daba de comer y beber al dios y a los que con él iban, y a todos los que
había convidado. Esto hacía en agradecimiento de la prosperidad y riqueza que
ya tenía, teniendo entendido que este dios se la había dado. Y a este propósito
hacía este convite, y en él se hacían danzas y cantares a su modo, a honra
deste dios, porque le tuviese por agradecido, y gastaba todo cuanto tenía. Y
decía: «No se me da nada de no quedar con nada, con tal que sea mi dios servido
desta fiesta, y si me quisiere dar más o dexarme sin nada, hágase como él
quisiere».
Dicho esto cubría con una manta blanca al que iba por imagen
deste dios, y así se iba para su templo con los que habían venido con él. Ido
él, comían el que hacía convite y los parientes.
Estos oficiales de hacer petates y otras cosas de juncia
tenían cuidado de ataviar y componer y barrer y limpiar y sembrar juncia en el
templo deste dios. Tenían asimismo cuidado de poner petates y asentadores de
juncia que llaman icpales, y que hubiese allí toda limpieza y todo avío, de
manera que ni una paja ni otra cosa estuviese caída en el templo.
La imagen deste dios es como un hombre que está teñido de
negro todo, así el cuerpo como la cara, salvo que la cara tiene unas pecas
blancas entre lo negro. Tíene una corona de papel pintada de blanco y negro.
Tiene unas borlas que cuelgan de la corona sobre las espaldas, y de las mismas
borlas sale un penacho hacia el colodrillo, que tiene tres plumas verdes. Tiene
ceñido unas faldetas que le llegan hasta la rodilla, con unos caracolitos
mariscos y pintado de blanco y negro. Tiene las cotaras blancas, y en la mano
izquierda tiene una rodela a manera de ninfa, que es una yerba de agua, ancha,
como un plato grande, y en la mano derecha tiene un báculo florido. Las flores
son de papel. Tiene una banda a manera de estola desde el hombro derecho,
cruzada por el sobaco izquierdo, pintado de unas flores negras sobre blanco.
CAPITULO XXI, que habla de muchos dioses imaginarios, a los cuales todos llamaban tlaloques
A todos los montes eminentes, especialmente donde se arman
nublados para lluver, imaginaban que eran dioses, y a cada uno dellos hacían su
imagen según la imaginación que tenían delios. Tenían también imaginación que
ciertas enfermedades, los cuales parecen que son enfermedades de frío,
procedían de los montes, o que aquellos montes tenían poder para sanallas. Y
aquellos a quienes estas enfermedades acontecían, hacían voto de hacer fiesta y
ofrenda a tal o tal monte de quien estaba más cerca o con quien tenía más
devoción.
También hacían semejante voto aquellos que se vían en algún
peligro de ahogarse en el agua de los ríos o de la mar.
Las enfermedades por que hacían estos votos era la gota de
las manos o de los pies, o de cualquiera parte del cuerpo. Y también el
tullimiento de algún miembro o de todo el cuerpo. Y también el envaramiento del
pescuezo o de otra parte del cuerpo, o encogimiento de algún miembro, o el pararse
yerto.
Aquellos a quien estas enfermedades acontecían, hacían voto
de hacer las imágenes destos dioses que se siguen: del dios del aire, la diosa
del agua y el dios de la lluvia; también la imagen del vulcán que se llama
Popucatépetl, y la imagen de la Sierra Nevada, y la imagen de un monte que se
llama Poyauhtécatl, o de otros cualesquier montes a quien se inclinaban por su
devoción.
El que había hecho voto a alguno, a algunos montes o destos
dioses, hacía su figura de una masa que se llama tzoalli, y poníalos en
figura de personas. No lo hacía él por sus manos, porque no le era lícito, sino
rogaba a los sátrapas, que eran en esto experimentados y para esto señalados,
que le hiciesen estas imágenes a quien había hecho el voto. Los que las hacían
poníanles dientes de pepitas de calabaza, y poníanles en lugar de ojos unos
frisoles negros que son tan grandes como habas, aunque no de la misma hechura,
y llámanlos ayecutli. En los demás atavíos poníanselos según la imagen
con que los imaginan y pintan, al dios del viento como a Quetzalcóatl, al agua
como la diosa del agua, a la lluvia como al dios de la lluvia, y a los otros
montes según las imágines con que los pintan. Después de hechas estas imágines
ofrecíanles papel de lo que ellos hacían, y era que un pliego de papel le
echaban muchas gotas de la goma que se llama ulli, derretido. Hecho
esto, colgaban al cuello de la imagen el papel, de manera que le cubría desde
los pechos abaxo, y con el remate de abaxo arpaban el papel. También ponían
estos mismos papeles goteados con ulliy colgados de unos cordeles
delante de las mismas imágines, de manera que los papeles estaban asidos los
unos de los otros, y meneábalos el aire porque estaban los cordeles en que
estaban los papeles colgados atados a las puntas de unos varales o báculos que
estaban hincados en el suelo, y de la una punta del uno a la punta del otro
estaba atado el cordel o mécatl.
Ofrecían ansimismo a estas imágines vino o uctli o
pulcre, que es el vino de la tierra, y los vasos en que lo ofrecían eran desta
manera: hay unas calabazas lisas, redondas, pecosas entre verde y blanco o
manchadas, que las llaman tzilacayotli, que son tan grandes como un gran
melón; a cada una destas partíanla por la mitad y sacábanle lo que tenía
dentro, y quedaba hecha como una taza, y henchíanla del vino dicho, y poníanlas
delante de aquella imagen o imágines, y decían que aquellos eran vasos de
piedras preciosas que llaman chalchíhuitl.
Todas estas cosas dichas hacían los sátrapas que eran
experimentados o estaban señalados para estos sacrificios. La otra gente no
usaban hacer esto aunque fuese para en su casa.
Después de hechas las imágines, aquellos por cuyo voto se
hacían convidaban a los sátrapas para el quinto día. Después de hechas las
imágines se había de hacer la fiesta. Y llegado el quinto día, aquella noche
velando, cantando y bailando a honra de aquellas imágines y de los dioses que
representaban, y aquella noche ofrecían cuatro veces tamales, que son como unos
pastelejos redondos hechos de maíz, a los que cantaban y bailaban, que eran los
sátrapas que habían hecho estas imágines, y otros convidados para esta fiesta.
A todos daban comida cuatro veces en aquella noche, y todas cuatro veces
tocaban instrumentos musicales, los que ellos usaban, que eran silbos que hacen
metiendo el dedo muñique en la boca y tocando caracoles y flautas de las que
ellos usaban. Esto hacían unos mozos juglares que usaban de hacer esta música,
y también a éstos les daban comida. Esto se hacía cuatro veces en esta noche.
En amaneciendo, los sátrapas descabezaban aquellas imágines
que habían hecho de masa. Descabezábanlos torciéndolos las cabezas, y tomaban
toda aquella masa y llevábanla a la casa donde estaban todos juntos los
sátrapas, que se llamaba calmécac.
Y aquellos por cuyo voto se habían hecho aquellas imágines,
entrábanse luego donde estaban sus convidados. Estaban con ellos todo aquel
día, y a la tarde, de par de noche, bebían todos los viejos y viejas vino que
se llama pulcre o uctli, porque éstos tenían licencia de beber vino, y
después que ya estaban medio borrachos, o del todo, se iban para sus casas.
Unos dellos iban llorando; otros iban haciendo fieros como valientes, y
bailando, y pompeándose; otros iban reñiendo unos con otros.
Los que hacían esta fiesta convidaban y apercibían para ella
a los taberneros que hacían el pulcre, y exhortábanlos para que hiciesen buen
vino, y los taberneros procuraban de hacer bien su vino, y para esto se
abstenían cuatro días de llegar a mujer ninguna, porque tenían que si llegasen
a mujer en aquellos días, el vino que hiciesen se había de acedar y estragar.
Absteníanse ansimismo aquellos días de beber el pulcre ni la miel de que se
hace, ni aun mojando el dedo en ella lo llegaba a la boca hasta en tanto que el
cuarto día se encetase con la cerimonia que arriba se dixo. Tenían por agüero
que si alguno bebía el vino, aunque fuese muy poco, antes que se hiciese la
cerimonia del abrimiento de las tinajas, como arriba se dixo, que se le había
de torcer la boca hacia un lado en pena de su pecado. Decían también que si
alguno se le secaba la mano o el pie, o temblaba o se le acucharraba la mano o
el pie, o le temblaba la cara, o le temblaba la boca o los labios, o si entraba
en él algún demonio, todo esto decían que acontecía porque estos dioses de que
aquí se trata se habían enojado contra él.
Después de acabada la fiesta, otro día luego de mañana el que
había hecho la fiesta juntaban a sus parientes y a sus amigos y a los de su
barrio, con todos los de su casa, y acababan de comer y beber todo lo que había
sobrado de la fiesta. A esto llamaban apehualo, que quiere decir
«añadidura a lo que estaba comido y bebido». Ninguna cosa quedaba de comer ni
de beber para otro día.
Decían que los gotosos, haciendo esta fiesta sanabande la
gota o de cualesquiera de las enfermedades que arriba se dixeron, y los que
habían escapado de algún peligro de agua, con hacer esta fiesta cumplían con su
voto.
Acabada toda la fiesta, los papeles y aderezos con que habían
adornado estas imágines, y todas las vasijas que habían sido menester para el
convite, tomábanlo todo y llevábanlo a un sumidero que está en la laguna de
México, que se llama Pantitlan, y allí lo arrojaban todo.
CAPíTULO XXII, que habla del dios llamado Tezcatzóncatl, que es uno de los dioses del vino
El vino o pulcre desta tierra siempre los tiempos pasados lo
tuvieron por malo, por razón de los malos efectos que dél se causan, porque los
borrachos unos dellos se despeñan, otros se ahorcan, otros se arronjan en el
agua donde se ahogan, otros matan a otros estando borrachos, y todos estos
efectos los atribuían al dios del vino y al vino, y no al borracho. Y más,
tenían que el que decía mal deste vino o murmuraba dél, le había de acontecer
algún desastre. Lo mismo de cualquiera borracho, que si alguno murmuraba dél o
le afrontaba, aunque dixese o hiciese mil bellaquerías, decían que habían de
ser por ello castigado, porque decían que aquello no lo hacía él, sino el dios,
o por mejor decir el diablo que estaba en él, que era este Tezcatzóncatl o
alguno de los otros.
Este Tezcatzóncatl era pariente o hermano de los otros dioses
del vino, los cuales se llamaban, uno Yiauhtécatl, otro Acolhua, otro Tlilhua,
otro Pantécatl, otro Izquitécatl, otro Tultécatl, otro Papáztac, otro
Tlaltecayohua otro Umetuchtli, otro Tepuztécatl, otro Chimalpanécatl, otro
Colhuatzíncatl.
De lo arriba dicho se colige claramente que no tenían por
pecado aquello que hacían estando borrachos, aunque fuesen gravísimos pecados.
Y aun se conjectura con harto fundamento que se emborrachaban por hacer lo que
tenían en su voluntad, y que no les fuese imputado a culpa, y se saliesen con
ello sin castigo. Y aún agora en el cristianismo hay algunos o muchos que se
escusan de sus pecados con decir que estaban borrachos cuando los hicieron, y
esto con pensar que el opinión errónea que tenían de antes corre también en el
cristianismo, en lo cual están muy engañados, y es menester avisallos dello,
así en la confesión como fuera della.

Muy buena lectura, no parece taaaaaaaaaaaanto filosofía (parece más historia, Miss :c) pero a quien le guste conocer este tipo de mitología de cierto modo que había en anteriores épocas, es maravilloso. Solo hay una cosa que me hace ruido, ¿por qué le decían "El Negrillo" a Ixtlilton? Jajaja.
ResponderBorrarSe trata de que veas, cómo era la forma de pensar de esa época y eso es filosofía Kike y respecto a
ResponderBorrar"el negrillo" era quien curaba y poseía un agua de color oscuro.