Primera Unidad o Bloque

Bloque I: 
Reconoce las repercusiones de la filosofía en México
v  La visión europea del mundo en el siglo XV
v  Interpretación europea de la conquista y perspectiva mesoamericana.
v  Las órdenes religiosas en la cultura novohispana.


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La disputa entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de 
HISTORIA GENERAL DE LAS COSAS DE NUEVA ESPAÑA DE
FRAY BERNARDINO DE SAHAGUN
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LIBRO PRIMERO: DIOSES MEXICAS. Fray Bernardino de Sahagún
En que se trata de los dioses que adoraban los naturales desta tierra que es la nueva España
CAPITULO I, que habla del principal dios que adoraban y a quien sacrificaban los mexicanos, llamado Huitzilopuchtli
Este dios llamado Huitzilopuchtli fue otro Hércules, el cual fue robustísimo, de grandes fuerzas y muy belicoso, gran destruidor de pueblos y matador de gentes. En las guerras era como fuego vivo, muy temeroso a sus contrarios, y así la devisa que traía era una cabeza de dragón muy espantable que echaba fuego por la boca. También éste era nigromántico o embaidor, que se transformaba en figura de diversas aves y bestias.
.A este hombre que por su fortaleza y destreza en la guerra le tuvieron en mucho los mexicanos cuando vivía, después que murió le honraron como a Dios y le ofrecían esclavos, sacrificándolos en su presencia. Buscaban que estos esclavos fuesen muy regalados y muy bien ataviados con aquellos aderezos que ellos usaban de orejeras y barbotes. Esto hacían por más honrarle. Otro semejante a éste hubo en las partes de Tlaxcalla, que se llamaba Camaxtle


Después de muerto, la fiesta que le hacían era que uno de los sátrapas tomaba la imagen de este Páinal, compuesta con ricos ornamentos como dios, y hacían una procesión con él, bien larga, y todos iban corriendo a más correr, ansí el que le llevaba como los que le seguían. En esto representaban la priesa que muchas veces es necesaria para resistir a los enemigos, que sin saberlo acometen haciendo celadas.
CAPITULO II, que trata del dios llamado Páinal, el cual, siendo hombre, era adorado por dios. Este dios llamado Páinal era como sota capitán del arriba dicho, porque el arriba dicho, como mayor capitán, dictaba cuándo se había de hacer guerra a algunas provincias. Este, como su vicario, servía de cuando repentinamente se ofrecía de salir al encuentro a los enemigos, porque entonces era menester que este Páinal, que quiere decir «ligero», «apresurado», saliese en persona a mover la gente para que con toda priesa saliesen [a] haberse con los enemigos.

CAPITULO III, trata del dios llamado Tezcatlipoca, el cual generalmente era tenido por dios entre estos naturales desta Nueva España. Es otro Júpiter
El dios llamado Tezcatlipuca era tenido por verdadero dios, y invisible, el cual andaba en todo lugar: en el Cielo, en la tierra y en el Infierno. Y tenían que cuando andaba en la tierra movía guerras, enemistades y discordias, de donde resultaban muchas fatigas y desasosiegos. Decían que el mesmo incitaba a unos contra otros para que tuviesen guerras, y por esto le llamaban Nécoc Yáutl; quiere decir «sembrador de discordias de ambas partes». Y decían él solo ser el que entendía en el regimiento del mundo, y que él solo daba las prosperidades y riquezas, y que él solo las quitaba cuando se le antojaba. Daba riquezas, prosperidades y fama, y fortaleza y señoríos, y dignidades y honras, y las quitaba cuando se le antojaba. Por esto le temían y reverenciaban, porque tenían que en su mano estaba el levantar y abatir. De la honra que se le hacía está adelante, en el Libro Segundo.

CAPITULO IV, trata del dios que se llamaba Tláloc Tlamacazqui
Este dios llamado Tláloc Tlamacazqui era el dios de las lluvias. Tenían que él daba las lluvias para que regasen la tierra, mediante la cual lluvia se criaban todas las yerbas, árboles y frutas y mantenimientos. También tenían que él enviaba el granizo y los relámpagos y rayos, y las tempestades del agua, y los peligros de los ríos y de la mar. En llamarse Tláloc Tlamacazqui quiere decir que es dios que habita en el Paraíso Terrenal, y que da a los hombres los mantenimientos necesarios para la vida corporal.
Los servicios que se le hacían están en el Segundo Libro, entre fiestas de los dioses.

CAPITULO V, trata del dios que se llama Quetzalcóatl, dios de los vientos
Este Quetzalcóatl, aunque fue hombre, teníanle por dios y decían que barría el camino a los dioses del agua, y esto adivinaban porque ante que comienzan las aguas hay grandes vientos y polvos, y esto decían que Quetzalcóatl, dios de los vientos, barría los caminos a los dioses de las lluvias para que viniesen a lluver. Los sacrificios y cerimonias con que honraban a este dios están escritas adelante, en el Segundo Libro.
Los atavíos con que le adoraban eran los siguientes: una mitra en la cabeza, con un penacho de plumas que se llaman quetzalli; la mitra era manchada como cuero de tigre; la cara tenía teñido de negro, y todo el cuerpo; tenía vestida una camisa como sobrepeliz labrada; no le llegaba más de hasta la cinta; tenía unas orejeras de turquesas, de labor mosaico: tenía un collar de oro, de que colgaban unos caracolitos mariscos preciosos; llevaba a cuestas por devisa un plumaje a manera de llamas de fuego; tenía unas calzas desde la rodilla abajo, de cuero de tigre, de las cuales colgaban unos caracolitos mariscos; tenía calzados unas sandalias teñidas de negro, revuelto con marcagita; tenía en la mano izquierda una rodela con una pintura con cinco ángulos, que llaman el joel del viento; en la mano derecha tenía un cetro a manera de báculo de obispo; en lo alto era enroscado como báculo de obispo, muy labrado de pedrería, pero no era largo como el báculo; parecía por donde se tenía era como empuñadora de espada. Era éste el gran sacerdote del templo.

CAPITULO VI, se trata de las diosas principales que adoraban en esta Nueva España
La primera destas diosas se llamaba Cihuacóatl. Decían que esta diosa daba cosas adversas como pobreza, abatimiento, trabajos. Aparecía muchas veces, según dicen, como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en palacio. Decían que de noche voceaba y bramaba en el aire.
Esta diosa se llama Cihuacóatl, que quiere decir «mujer de la culebra». Y también la llamaban Tonantzin, que quiere decir «nuestra madre». En estas dos cosas parece que esta diosa es nuestra madre Eva, la cual fue engañada de la culebra, y que ellos tenían noticia del negocio que pasó entre nuestra madre Eva y la culebra.
Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente. Dicen también que traía una cuna a cuestas, como quien trae a su hijo en ella, y poníase en el tiánquez entre las otras mujeres, y desapareciendo dexaba allí la cuna. Cuando las otras mujeres advertían que aquella cuna estaba allí olvidada, miraban lo que estaba en ella, y hallaban un pedernal como hierro de lanzón con que ellos mataban a los que sacrificaban. En esto entendían que fue Cihuacóatl la que lo dexó allí.

CAPITULO VII, trata de la diosa que se llamaba Chicomecóatl. Es otra diosa Ceres
Esta diosa llamada Chicomecóatl era la diosa de los mantenimientos, así de lo que come y de lo que bebe. A ésta la pintaban con una corona en la cabeza, y en la mano derecha un vaso, y en la izquierda una rodela con una flor grande pintaban; tenía su cueitl y huipilli y sandalias, todo bermejo; y la cara teñida de bermejo. Debió esta mujer ser la primera mujer que comenzó a hacer pan y otros manjares guisados.

CAPITULO VIII: trata de una diosa que se llamaba la madre de los dioses, corazón de la Tierra y nuestra abuela
Esta diosa era la diosa de las medicinas y de las yerbas medicinales. Adorábanla los médicos y los cirujanos y los sangradores, y también las parteras, y las que dan yerbas para abortar. Y también los adivinos que dicen la buenaventura, o mala, que han de tener los niños según su nacimiento. Adorábanla también los que echan suertes con granos de maíz y los que agurean mirando el agua en una escudilla, y los que echan suertes con unas cordezuelas que atan unas con otras, que llaman mecatlapouhque. Y los que sacan gusanillos de la boca y de los ojos, y pedrezuelas de las otras partes del cuerpo, que se llaman tetlacuicuilique. También la adoraban los que tienen en sus casas baños o temazcales.
Y todos ponían la imagen de esta diosa en los baños, y llamábanla Temazcalteci, que quiere decir «La abuela de los baños».
Todos los arriba dichos hacían cada año una fiesta a esta diosa, en la cual compraban una mujer y la componían con los ornamentos que eran desta diosa, como parecen en la pintura que es de su imagen, y todos los días de su fiesta hacían con ella areito, y la regalaban mucho, y la halagaban porque no se entristeciese por su muerte ni llorase. Y le daban a comer delicadamente, y convidaban con lo que había de comer, y la rogaban que comiese, como a gran señora. Y estos días hacían delante della ardides de guerra con vocería y regocijo, y con muchas devisas de guerra, y daban dones a los soldados que delante della peleaban por hacerla placer y regocijo.
Llegada la hora cuando había de morir, después de haberla muerto con otros dos que la acompañaban en la muerte, la desollaban, y un hombre o sátrapa vestíase su pellejo, y traíale vestido por todo el pueblo, y hacían con esto muchas vanidades.
Las vestiduras y ornatos desta diosa eran que tenía la boca y barba hasta la garganta teñida con ulli, que es una goma negra; tenía en el rostro como un parche redondo de lo mismo; tenía en la cabeza a manera de una gorra hecha de manta revuelta y añudada; los cabos del nodo caían sobre las espaldas; en el mesmo nodo estaba enxerido un plumaje del cual salían unas plumas a manera de llamas; estaban colgando hacia la parte trasera de la cabeza; tenía vestido un huipilli, el cual en la estremidad de abaxo tenía una cortapisa ancha y arpada; las naguas que tenía eran blancas; tenía sus cutaras o sandalias en los pies; en la mano izquierda, una rodela con una chapa redonda de oro en el medio; en la mano derecha tenía una escoba, que es instrumento para barrer.

CAPITULO IX: Se trata de una diosa llamada Tzaputlatena .Esta diosa que se dice Tzaputlatena fue una mujer, según su nombre nacida en el pueblo de Tzaputla. Y por esto se llama «la madre de Tzaputla», porque fue la primera que inventó la resina que se llama úxitl, y es un aceite sacado por artificio de la resina del pino que aprovecha para sanar muchas enfermedades; y primeramente aprovecha contra una manera de bubas o sarna que nace en la cabeza, que se llama cuaxococihuiztli; y también contra otra enfermedad es provechosa asimismo, que nace en la cabeza, que es como bubas, que se llama chacuachicihuiztli; y también para la sarna de la cabeza. Aprovecha también contra la ronquera de la garganta. Aprovecha también contra las grietas de los pies y de los labios. Es también contra los empeines que nacen en la cara o en las manos. Es también contra el usagre. Contra otras muchas enfermedades es bueno. Y como esta mujer debió ser la primera que halló este aceite, contáronla entre las diosas y hacían la fiesta y sacrificios aquellos que venden y hacen este aceite que se llama úxitl.

CAPITULO X:Se trata de unas diosas que llamaban cihuapipilti
Estas diosas llamadas cihuapipilti eran todas las mujeres que morían del primer parto, a las cuales canonizaban por diosas, según está escripta en el Libro Sexto, en el capítulo veinte y ocho. Allí se cuenta de las cerimonias que hacían a su muerte, y de la canonización por diosa. Allí se verá a la larga.
Lo que en el presente capítulo se trata es de que decían que estas diosas andan juntas por el aire, y aparecen cuando quieren a los que viven sobre la tierra, y a los niños y niñas los empecen con enfermedades, como es dando enfermedad de perlesía, y entrando en los cuerpos humanos. Y decían que andaban en las encrucijadas de los caminos haciendo estos daños. Y por esto los padres y madres vedaban a sus hijos y hijas que en ciertos días del año en que tenían que descendían estas diosas que no saliesen fuera de casa, porque no topasen con ellos destas diosas, y no los hiciesen algún daño. Y cuando alguno le daba perlesía o otra enfermedad repentina, o entraba en él algún demonio, decían que esta diosa lo había hecho.
Y por esto las hacían fiesta, y en esta fiesta ofrecían en su templo, o en las encrucijadas de los caminos, pan hecha de diversas figuras: unos, como mariposas; otros, de figura del rayo que cae del cielo, que llaman xonecuilli; y también unos tamalejos que se llaman xucuichtlamatzoalli, y maíz tostado que llaman ellos ízquitl.
La imagen destas diosas tiene la cara blanquecina, como si estuviese teñida con color muy blanco, como es el tízatl; lo mismo los brazos y piernas. Tenían unas orejeras de oro; los cabellos tocados como las señoras, con sus cornezuelos; el huipil era pintado de unas olas de negro; las naguas tenían labradas de diversos colores; tenía sus cutaras blancas.

CAPITULO XI: Se trata de la diosa del agua que la llamaban Chalchiuhtli Icue. Es otra Juno
Esta diosa llamada Chalchiuhtli Icue, diosa del agua, pintábanla como a mujer. Y decían que era hermana de los dioses de la lluvia, que llaman tlaloques. Honrábanla porque decían que ella tenía poder sobre el agua de la mar y de los ríos, para ahogar los que andan en estas aguas, y hacer tempestades y torbellinos en el agua, y anegar losnavíos y barcas y otros vasos que andan por el agua.
Hacían fiesta a esta diosa en la fiesta que se llama etzalcualiztli, que se pone en el Segundo Libro, en el capítulo séptimo. Allí está a la larga las cerimonias y sacrificios con que la festejaban. Allí se podrá ver.
Los que eran devotas a esta diosa y la festejaban eran todos aquellos que tienen sus granjerías en el agua, como son los que venden agua en canoas, y los que venden agua en tinajas en la plaza.
Los atavíos con que pintaban a esta diosa son que la pintaban la cara con color amarilla, y la ponían un collar de piedras preciosas de que colgaba una medalla de oro. En la cabeza tenía una corona hecha de papel pintada de azul claro, con unos penachos de plumas verdes y con unas borlas que colgaban hacia el colodrillo, y otras hacia la frente de la misma corona, todo de color azul claro. Tenía sus orejeras labrada de turquesas de obra mosaica. Estaba vestida de un huipil y unas naoas pintadas de la misma color azul claro, con unas franjas de que colgaban caracolitos mariscos. Tenía en la mano izquierda una rodela con una hoja ancha y redonda que se cría en el agua; la llaman atlacuezona. Tenía en la mano derecha un vaso con una cruz hecho a manera de la custodia en que se lleva el sacramento cuando uno solo le lleva, y era como cetro desta diosa. Tenía sus cutaras blancas.
Los señores y reyes veneraban mucho a esta diosa, con otras dos que era la diosa de los mantenimientos, que llamaban Chicumecóatl, y la diosa de la sal, que llamaban Huixtocíhuatl, porque decían que estas tres diosas mantenían a la gente popular para que pudiesen vivir y multiplicar.

CAPITULO XII: Trata de la diosa de las cosas carnales, la cual llamaban Tlazultéutl. Es otra Venus
Esta diosa tenía tres nombres: el uno era que se llamaba Tlazultéutl, que quiere decir «la diosa de la carnalidad»; el segundo nombre es Ixcuina. Llamábanla este nombre porque decían que eran cuatro hermanas: la primera era primogénita o hermana mayor, que llamaban Tiacapan; la segunda era hermana menor, que llamaban Teicu; la tercera era la de medio, la cual llamaban Tlaco; la cuarta era la menor de todos, que llamaban Xucotzin. Estas cuatro hermanas decían que eran las diosas de la carnalidad. En los nombres bien significa a todas las mujeres que son aptas para el acto carnal. El tercero nombre desta diosa es Tlaelcuani, que quiere decir «comedora de cosas sucias», esto es que, según decían, las mujeres y hombres carnales confesaban sus pecados a estas diosas cuanto quiera que fuesen torpes y sucias, que ellas los perdonaban.
También decían que esta diosa o diosas tenían poder para provocar a luxuria, y para inspirar cosas carnales, y para favorecer los torpes amores. Y después de hechos los pecados, decían que tenían también poder para perdonarlos y alimpiar dellos, perdonándolos, si los confesaban a los sus sátrapas, que eran los adivinos que tienen los libros de las adivinanzas y de las venturas de los que nacen, y de las hechicerías y agüeros, y de las traditiones de los antiguos, que vinieron de mano en mano hasta ellos.
Pues desque el penitente determinaba de se confesar, iba luego a buscar a alguno de los ya dichos, delante quien se solían confesar, y decíale: «Señor, querríame llegar a Dios todopoderoso, y que es amparador de todos, el cual se llama Yoalli Ehécatl, esto es, Tezcatlipoca. Querría hablar en secreto mis pecados.» Oído esto, el sátrapa decíale: « Seas hayas muy bien venido, hijo, que lo que decís que queréis hacer para vuestro bien y provecho es.» Dicho esto miraba luego el libro de las adivinanzas, que se llamaba tonalámatl, para por él saber qué día sería más oportuno para aquella obra. Y habiendo visto el día que convenía, decíale: «Para tal día vendréis, porque entonces reina buen signo, para que esto se haga prósperamente.» Llegado el día que le había mandado que volviese, el penitente compraba un petate nuevo y encienso blanco, que llaman capalli, y leña para el fuego en que se había de quemar el copalli. Y si el penitente era persona principal o puesta en dignidad, el sátrapa iba a su casa para confesarle, o por ventura el penitente, aunque fuese principal, iba a su casa del sátrapa. Llegado, barría muy bien el lugar donde se había de tender el petate nuevo para ponerse sobre el confesor, y luego encendían fuego y echaba el copal en el fuego el sátrapa, y hablaba al fuego. Decíale: «Vos, señor, que sois el padre y la madre de los dioses, y sois el más antiguo dios, sabed que es venido aquí este vuestro vasallo, este vuestro siervo. Y viene llorando, viene con gran tristeza, y viene con gran dolor, y esto es porque se conoce haber errado, haber resbalado y tropezado y encontrado con algunas suciedades de pecados y con algunos graves delictos dignos de muerte, y desto viene muy penado y fatigado. Señor nuestro, muy piadoso, pues que sois amparador y defensor de todos, recebid a penitencia, oíd la angustia deste vuestro siervo y vasallo. »
Acabada esta oración, el sátrapa volvíase al penitente y hablábale desta manera: «Hijo, has venido a la presencia del dios favorecedor y amparador de todos. Veniste a publicarle tus interiores hedores y pudredumbres. Vienes a abrirle los secretos de tu corazón. Mira que no te despeñas. Mira que no te desbarranques mintiendo en su presencia de nuestro señor. Desnúdate. Echa fuera todas tus vergüenzas en presencia de nuestro señor, el cual se llama Yoalli Ehécatl, esto es, Tezcatlipuca. Es cierto que estás delante dél, aunque no eres digno de verle ni aun que él te hable, porque es invisible y no palpable. Pues mira cómo vienes, qué corazón traes. No dudes de publicar tus secretos en su presencia. Cuenta tu vida; relata tus obras de la misma manera que heciste tus excesos y ofensas; derrama tus maldades en su presencia; cuenta con tristeza a nuestro señor Dios, que es favorecedor de todas y tiene abiertos loa brazos y está aparejado para abrazarte y para tomarte a cuestas. Mira que no dexes nada por vergüenza. Mira que no dexes nada por flaqueza.»
Oído esto, el penitente luego hacía juramento de decir la verdad, de la manera que ellos usaban jurar, tocando la tierra con la mano y lamiendo lo que se le había pegado. Y luego echaba copallien el fuego, que era otro fundamento cerca de decir la verdad. Luego se sentaba delante del sátrapa y, porque le tenía como por imagen y por vicario del dios, comenzábale a hablar desta manera: «Oh señor nuestro, que a todos recibes y ampares, oye mis hediondezas y podredumbres. En tu presencia me desnudo y echo fuera todas mis vergüenzas, cuantas he hecho. No te son, por cierto, ocultas mis maldades que he hecho, porque todas las cosas te son manifiestas y claras. »
Dicho esto, luego comienza a decir sus pecados, por la misma orden que los hizo, con toda claridad y reposo, como quien dice un cantar muy de espacio y muy pronunciado y como quien va por un camino muy derecho, sin desviar a una parte ni a otra. Y acabando de decir todo lo que había hecho, comenzaba luego a hablar el sátrapa, diciendo desta manera: «Hijo, has hablado a nuestro señor Dios diciendo delante dél tus malas obras. Agora también en su nombre te quiero decir lo que eres obligado a hacer cuando descienden a la tierra las diosas llamadas cihuapipilti, o cuando se hace la fiesta de las diosas de la carnalidad que se llaman ixcuiname: ayunarás cuatro días, afligiendo tu estómago y tu boca, y llegado el día de la fiesta destas diosas ixcuiname, luego de mañana o en amaneciendo, para que hagas la penitencia convenible por tus pecados, pasarás la lengua por el medio de parte a parte con algunas mimbres que se llaman teucalzácatlo tlácotl, y si más quisieres, pasarlas has por las orejas, lo uno de dos. Y esto harás en penitencia y satisfacción por tu pecado, no por vía de merecimiento, sino en penitencia del mal que heciste. Traspasarás la lengua por el medio con alguna espina de maguey, y después, por el mismo agujero, pasarás las mimbres. Pasarás cada una por delante tu cara, y acabando de sacarla arrojarla has atrás de ti, hacia las espaldas, y si quisieses de todas ellas hacer una, atando todas, la una con la otra, ora sean cuatrocientas o ochocientas las que hubieres de sacar por la lengua, haciendo esto se te perdonan las suciedades que heciste.»
Y si no tiene muchos ni graves pecados el penitente, dícele el sátrapa delante de quien se confiesa: «Hijo, ayunarás, fatigarás tu estómago con hambre y tu boca con sed, comiendo sola una vez al medio día, y esto cuatro días.» O le mandaba: «Irás a ofrecer papeles a los lugares acostumbrados, y harás imágines. Cubrirás con ellos las imágines que llevares hechas, según tu devoción, y harás en su presencia la cerimonia acostumbrada de cantar y bailar en su presencia.» O le decía: «Has ofendido a dios, ernborrachándote. Conviénete satisfacer al dios del vino llamado Totochti, y cuando fueres a hacer esta penitencia irás de noche, irás desnudo sin que lleves ninguna otra cosa sino un papel delante y otro detrás, para cubrir tus partes vergonzosas. Y cuando hecha tu oración te volvieres, los papeles con que vas ceñido detrás y delante arrojarlos has delante de los dioses que allí están.»
Acabada la confesión y recebida la penitencia, el penitente íbase para su casa y procuraba de nunca más volver a hacer aquellos pecados de que se había confesado, porque decían que si otra vez reincidía en los pecados no tenía remedio.
No hacían esta confesión sino los viejos, por graves pecados como es adulterios, etcétera, y la razón porque se confesaban era por librarse de la pena temporal que estaba señalada a los que caían en tales pecados, por librarse de no recebir pena de muerte, o machucándole la cabeza, o haciéndola tortilla entre dos grandes piedras.
Es de saber que los sátrapas que oían los pecados tenían gran secreto, que jamás decían lo que habían oído en la confesión, porque tenían que no lo habían oído ellos sino su dios, delante de quien sólo, se descubrían los pecados. No se pensaba que hombre los hubiese oído, ni hombre se hubiesen dicho sino a Dios.
Cerca de lo arriba dicho sabemos que aún después acá, en el cristianismo, porfían a llevarlo adelante, en cuanto toca a hacer penitencia y confesarse por los pecados graves y públicos, como es homicidio, adulterio, etcétera, pensando que, como en el tiempo pasado, por la confesión y penitencia que hacían se les perdonaban aquellos pecados en el foro judicial, también agora, cuando alguno mata o adultera, acógese a nuestras casas y monasterios, y, callando lo que hicieron, dicen que quieren hacer penitencia, y cavan en la huerta, y barren en la casa, y hacen lo que les mandan, y confiésanse de allí algunos días, y entonces declaran su pecado y la causa porque vinieron a hacer penitencia. Acabada su confesión, demandan una cédula firmada del confesor, con propósito de mostrarla a los que rigen, gobernador y alcaldes, para que sepan que han hecho penitencia, y confesados, y que ya no tiene nada contra ellos la justicia.
Este embuste casi ninguno de los religiosos ni clérigos entienden por dónde va, por ignorar la costumbre antigua que tenían, según que arriba está escripto, mas antes piensan que la cédula la demandan para mostrar cómo está confesado aquel año. Esto sabemos por mucha esperiencia que dello tenemos.
Dice que se confesaban los viejos, y de los grandes pecados de la carne. Desto bien se arguye que, aunque habían hecho muchos pecados en tiempo de su juventud, no se confesaban dellos hasta la vejez, por no se obligar a cesar de pecar ante de la vejez, por la opinión que tenían que el que tornaba a reincidir en los pecados, al que se confesaba una vez no tenía remedio.
En lo arriba dicho no hay poco fundamento para argüir que estos indios desta Nueva España se tenían por obligados de se confesar una vez en la vida, y esto in lumine natural, sin haber tenido noticia de las cosas de la fe.

CAPITULO XIII:Trata de los dioses que son menores en dignidad que los arriba dichos, y el primero déstos es que llaman Xiuhtecuhtli. Es otro Vulcán
Este dios del fuego llamado Xiuhtecuhtli tiene también otros dos nombres: el uno es Ixcozauhqui, que quiere decir «cariamarilla», y el otro es Cuezaltzin, que quiere decir «llama de fuego». También se llamaba Huehuetéutl, que quiere decir «el dios antiguo».
Y todos le tenían por padre, considerando los efectos que hacía, porque quema, y la llama enciende y abrasa. Estos son efectos que causan temor. Otros efectos tiene que causan amor y reverencia, como es que calienta a los que tienen frío, y guisa las viandas para comer, asando y cociendo, y tostando y friendo. El hace la sal y la miel espesa, y el carbón y la cal, y calienta los baños para bañarse, y hace el aceite que se llama úxitl. Con él se calienta la lejía y agua para lavar las ropas sucias y viejas, y se vuelven así nuevas.
A este dios se le hacía fiesta cada año, al fin del mes que se llama izcalli, y a su imagen le ponían todas las vestiduras y atavíos y plumajes del principal señor en tiempo de Motecuzuma. Hacíanla a semejanza de Motecuzuma, y en tiempo de los otros señores pasados hacíanle la semejanza de cada uno dellos. Y puesto en su altar o trono, descabezaban en su presencia muchas codornices. Derramaban la sangre dellas delante dél, y también ofrecíanle copal como a dios, y ofrecíanle unos pastelejos que llaman quiltamalli, hechos de bledos, y estos mismos comían por su honra. En todos los barrios, por su honra, en cada casa antes que los comiesen, los ofrecían al fuego, y ante de ofrecérselos no los comían. Y los sátrapas que estaban diputados al servicio deste dios, que los llamaban ihuehueyohuan, que quiere decir «sus viejos», todo el día hacían areito o danza en su presencia, cantando y bailando a su modo, y tanían caracoles como cuernos, y tanían atambores y teponaztli, que son atambores de madera. Y traían en las manos unas sonajas de trebejos o trebesinas con propósito del cantar. Son a la manera de trebejos o trebesinas con que hacen callar a los niños cuando lloran. Usanse en los campos.
No se cocía pan en comal en este día, y en esto se tenía cuidado de que nadie cociese pan ni otra cosa en comal, porque ninguno se tocase del fuego, por ser el primero día en que se comían y ofrecían los tamales arriba dichos.
En esta misma fiesta los padres y madres de los niños cazaban, unos, culebras; otros, ranas; otros, peces que se llaman xohuiles, o lagartillos del agua que se llaman axólotl, o aves, o cualquier otros animalejos. Y éstos echábanlos en las brasas en el hogar. Y desque ya estaban tostados, comíanlos los niños y decían: «Come cosas tostadas nuestro padre el fuego.»
Y llegada la noche, los viejos y viejas todos bebían uctli, que es vino de la tierra, y del uctli que bebían derramaban ante que bebiesen en cuatro partes del hogar, del uctli que habían de beber. Y a esto decían que daban a gustar al fuego aquella bebida, honrándole como a dios en esto, que era como sacrificio o ofrenda.
Y de cuatro en cuatro años hacíase esta fiesta muy solenne, y hacía areito el señor con todos sus principales delante de la casa o templo deste dios, y en esta fiesta de cuatro en cuatro años no solamente los viejos y viejas bebían vino o pulque, pero todos, mozos y mozas, niños y niñas lo bebían. Por eso se llamaba esta fiesta pillahuano, que quiere decir «fiesta donde los niños y niñas beben el vino o pulcre». Y daban padrinos y madrinas a los niños, y buscábanselos sus padres y madres, y dábanlos algunos dones. Estos padrinos y madrinas llevaban a cuestas a los niños y niñas que eran sus ahijados al templo deste dios del fuego. También le llamaban Ixcozauhqui. Allí, delante dél, agujeraban las orejas a todos los niños y niñas. Señalábanlos desta señal en presencia de sus padrinos y madrinas, que los llamaban imahuihuan, intlahuan. Hecho esto, comían todos juntos padres y madres, padrinos y madrinas, niños y niñas.
La imagen deste dios se pintaban un hombre desnudo, el cual tenía la barba teñida con la resina que es llamada ulli, que es negra, y un barbote de piedra colorada en el agujero de la barba. Tenía en la cabeza una corona de papel pintada de diversas colores y de diversos labores. En lo alto de la corona tenía unos penachos de plumas verdes, a manera de llamas de fuego. Tenía unas borlas de urnas hacia los lados, como pendientes hacia las orejas. Tenía unas orejeras en los agujeros de las orejas, labradas de turquesas, de labor mosaico. Tenía a cuestas un plumaje hecho a manera de una cabeza de un dragón, labrado de plumas amarillas, con unos caracolitos mariscos. Tenía unos cascabeles atados a las gargantas de los pies. Tenía en la mano izquierda una rodela con cinco piedras verdes que se llaman chalchihuites, puestos a manera de cruz sobre una chapa de oro; casi cubría toda la rodela. En la mano derecha tenía una manera de cetro, que era una chapa de oro redonda, agujerada por el medio, y sobre ella un remate de dos globos, otro mayor y otro menor, con una punta sobre el menor. Llamaban a este cetro tlachieloni, que quiere decir «miradero» o «mirador», porque con él ocultaba la cara y miraba por el agujero de medio de la chapa de oro.
CAPITULO XIV, habla cerca de un dios que se llamaba Macuilxóchitl, que quiere decir «cinco flores», y también se llamaba Xochipilli, que quiere decir «el principal que da flores» o «que tiene cargo de dar flores»
A este dios llamado Macuilxóchitl teníanle por dios, como el arriba dicho, que es el dios del fuego. Era más particular dios de los que moraban en las casas de los señores o en los palacios de los principales. A honra deste dios hacían fiesta, y su fiesta se llamaba xochílhuitl, la cual fiesta se contaba entre las fiestas movibles que están en el Cuarto Libro, que trata del arte adivinatoria.
Cuatro días antes desta fiesta ayunaban todos los que la celebraban, así hombres como mujeres. Y si algún hombre en el tiempo deste ayuno tenía acceso a mujer, o alguna mujer a hombre durante el dicho ayuno, decían que ensuciaba su ayuno, y este dios se ofendía mucho desto, y por esto hería con enfermedades de las partes secretas a los que tal hacían, como son almorranas, pudredumbre del miembro secreto, deviesos y incordios, etcétera. Y porque tenían entendido que estas enfermedades eran castigos deste dios, por la causa arriba dicha, hacíanle votos y prometimientos para que se aplacase y cesase de afligir con aquellas enfermedades.
Cuando llegaba esta fiesta deste dios, que se llamaba xochílhuitl, que quiere decir «la fiesta de las flores», como dicho es, ayunaban todos cuatro días. Algunos no comían chilli o axí, y comían solamente al medio día, y a la media noche bebían una mazamorra que se llamaba tlacuilolatulli, que quiere decir «mazamorra pintada», con una flor puesta encima, en el medio. Llamábase este ayuno «el ayuno de las flores».
También los que ayunaban sin dexar el chilli ni otras cosas sabrosas que suelen comer, comían una vez sola al mediodía. Otros ayunaban comiendo panes ázimos, esto es, que el maíz de que se hacía el pan que comían no se cocía con cal ante de molerlo, que esto es como hormentar, sino molían el maíz seco y de aquella harina hacían pan, y cocíanlo en el comal, y no comían chihhini otra cosa con ello. No comían más que una vez al mediodía.
Llegado el quinto día era la fiesta deste dios. En esta fiesta uno se componía con los atavíos deste dios, como si fuera su imagen o persona, que significaba al mismo dios. Con éste hacían areito con cantares y con teponahuaztli* y atambor. Llegando al mediodía desta fiesta descabezaban muchos codornices, derramando la sangre delante deste dios y de su imagen. Otros sangrábanse de las orejas delante dél. Otros traspasaban las lenguas con una punta de maguey, y por aquel agujero pasaban muchas mimbres delgadas, derramando sangre. También le hacían otras ofrendas en su templo. Hacían también una cerimonia que hacían cinco tamales. Son como panes redondos hechos de maíz, ni bien rollizos ni bien redondos, que se llamaban «pande ayuno». Eran grandes, encima de los cuales iba una saeta hincada, que llamaban xúchmitl. Esta era ofrenda de todo el pueblo. Los particulares que querían ofrecían en un plato de madera cinco tamales pequeños, a la manera de los arriba dichos, que diximos ser grandes, con chilmolli en otro vaso. Ofrecían asimesmo dos pasteles que llaman tzoallien lugar del ulli—goma negra— que otros ofrecían, en unos platos de madera; y el uno destos pastelejos era negro, y el otro bermejo. La otra gente ofrecían diversas cosas: unos ofrecían maíz tostado; otros, maíz revuelto con miel y con harina de semilla de bledos; otros, hecho de pan una manera de rayo, como cuando cae del cielo, que llaman xonecuilli; otros ofrecían pan hecho a manera de mariposa; otros ofrecían panes ázimos, que ellos llaman yotlaxcalli; otros ofrecían unas tortas hechas de semillas de bledos; otros ofrecían unas tortas hechas a manera de rodela, de la misma semilla hechas; otros hacían saetas; otros, espadas hechas de una masa desta misma semilla; otros ofrecían muñecas hechas de la misma masa.
En esta misma fiesta todos los principales y calpixques de la comarca de México, que lindaban con los pueblos de guerra, traían a México los captivos que tenían, o comprados o que por sí mismos los habían captivado, y entregábanlos a los calpixques para que los guardasen para el tiempo en que fuesen menester ser sacrificados delante de los ídolos. Y si alguno destos esclavos se huían entretanto que se llegaba el tiempo de su sacrificio, el mismo calpixquique lo tenía a cargo era obligado a comprar otro y ponerle en el lugar del otro que había huido.
La imagen deste dios era como un hombre desnudo que está desollado o teñido de bermellón; y tenía la boca y la barba teñida de blanco y negro y azul claro; la cara teñida de bermejo. Tenía una corona tenida de verde claro, con unos penachos de la misma color. Tenía unas borlas que colgaban de la corona hacia las espaldas. Tenía a cuestas una divisa o plumaje, que era como una bandera que está hincada en un cerro, y en lo alto tenía unos penachos verdes. Tenía ceñido por el medio del cuerpo una manta bermeja, que colgaba hasta los muslos. Esta manta tenía una franja de que colgaban unos caracolitos mariscos. Tenía en los [pies] unas cotaras o sandalias muy curiosamente hechas. En la mano izquierda tenía una rodela, la cual era blanca, y en el medio tenía cuatro piedras puestas de dos en dos juntas. Tenía un cetro hecho a manera de corazón, que en lo alto tenía unos penachos verdes, y de lo baxo colgaban también otros penachos verdes y amarillos.
* Debe decir teponaztli.

CAPITULO XV, habla del dios llamado Omácatl. Quiere decir «dos cañas». Es el dios de los convites
Este dios de los convites decían que tenía dominio y poder sobre los convites y convidados, que es cuando los principales hermanos convidaban a toda su parentela para darlos de comer y mantas y flores y que bailasen y danzasen y cantasen en su casa. Y cuando este regocijo se había de hacer, el que le hacía llevaba la imagen deste dios a su casa. Llevábanla algunos sátrapas de los que servían en su templo. Decían que si no le hacían aquella honra que se le debía hacer, enojábase y aparecía en sueños al dueño del convite, y reprendíale y reñíale, diciendo desta manera: «Tú, mal hombre, ¿por qué no me has honrado como convenía? Yo te dexaré. Yo me apartaré de ti, y tú me pagarás muy bien la injuria que has hecho.»
Y si mucho se enojaba, mostraba su enojo en que entre la comida y bebida mezclaba pelos o cabellos, para dar pena a los convidados y deshonra al señor del convite. Y éstos, cuando comulgaban en la fiesta deste dios, enfermaban muchas veces. Y cuando comían o bebían, añuscábanse con la comida o bebida, que no la podían tragar, y yendo y andando tropezaban y caían muchas veces.
Y cuando hacían fiesta a este dios, que era de noche, comulgaban con su cuerpo. Y para esta comunión los principales y teupixques, y los que tenían cargo de los barrios, hacían de masa una figura de un hueso grueso, redondo y largo como un cobdo, y llamábanle el hueso deste dios. Y antes que comulgasen comían y bebían pulcre. Después de haber comido y bebido, en amaneciendo, al que era la imagen deste dios punzábanle en la barriga con alfileres o con cosa semejante, y lastimábanle. Hecho esto, repartían aquella figura de hueso que habían hecho de masa que se llama tzoalli, y dividíanla entre sí, y comían cada uno lo que le cabía. Y todos estos que aquí comulgaban se tenía por dicho y entendido que el año que venía, en esta fiesta habían de contribuir para hacer la fiesta deste dios, proveyendo todo lo necesario que había de gastar en ella.
La imagen deste dios era como un hombre que está asentado sobre un haz de juncias. Tenía la cara manchada de negro y blanco. Tenía una corona de papel apretada a la frente con una venda larga y ancha, de diversas colores, la cual estaba añudada hacia el colodrillo con una lazada que parecían borlas. Tenía revuelta a la corona unas cuentas de chalchihuites. Tenía puesta una manta a manera de red con que estaba cubierto, la cual tenía una franja ancha donde estaban sembradas unas flores, texidas en la misma franja. Tenía una rodela junto a sí, de la cual colgaban unas borlas anchas por la parte de abaxo. Tenía en la mano derecha un cetro donde estaba una medalla redonda, agujerada a manera de claraboya. Estaba asentada de canto sobre una impugnadora redonda, y en alto tenía un chapitel piramidal. A este cetro llamaban tlachieloni, que quiere decir «miradero», porque encubría la cara con la medalla y miraba por la claraboya.

CAPITULO XVI, en que se trata del dios llamado Ixtlilton, que quiere decir «el negrillo», y también se llama Tlaltetecuin
A este dios hacíanle un oratorio de tablas pintadas, como tabernáculo, donde estaba su imagen. En este oratorio o templo había muchos lebrillos y tinajas de agua. Todas estaban atapadas con tablas o comales. Llamaban a esta agua tlílatl, que quiere decir «agua negra». Y cuando algún niño enfermaba, llevábanle al templo o tabernáculo deste dios Ixtlilton, y abrían una de aquellas tinajas, y daban a beber al niño de aquel agua, y con ella sanaba. Y cuando alguno quería hacer la fiesta deste dios, por su devoción llevaba a su imagen a su casa. Esta imagen no era de bulto ni pintada, sino era uno de los sátrapas, que se vestía los ornamentos deste dios, y cuando le llevaban íbanle encensando delante con humo de copal. Como llegaba esta imagen a la casa del que había de hacerle fiesta con danzas y cantares, como ellos usaban, porque esta manera de danzar o bailar es muy diferente de nuestros bailes y danzas, pongo aquí la manera que tienen en estas danzas o bailes, que por otro nombre se llaman areitos, y en su lengua se llaman macehualiztli, juntábanse muchos de dos en dos, o de tres en tres, en un gran corro, según la cantidad de los que eran, llevando flores en las manos, y ataviados con plumajes. Hacían todos a una un mesmo meneo con el cuerpo y con los pies y con las manos, cosa bien de ver y bien artificiosa. Todos los meneos iban según el son que tañían los tañedores del atambor y del teponaztli. Con esto iban cantando con gran concierto todos, y con voces muy sonoras los loores de aquel dios a quien festejaban, y lo mismo usan agora, aunque enderezado de otra manera. Enderezan los meneos con tenencias y atavíos conforme a lo que cantan, porque usan diversísimos meneos y diversísimos tonos en el cantar; pero todo muy agraciado y aun muy místico. El bosque de la idolatría no está talado.
Llegado como está dicho la imagen deste dios a la casa del que la festejaba, lo primero que hacían era comer y beber, después de lo cual comenzaban la danza y cantar del dios a quien festejaban. Después que este dios había bailado con los demás gran rato, entraba dentro de casa a la bodega donde estaba el pulcre o vino que ellos usaban en muchas tinajas, todas atapadas con tablas o comales embarrados, las cuales había cuatro días que estaban atapadas.
Este dios abría una o muchas, y a este abrimiento llamaban tlayacaxapotla; quiere decir esto «abrimiento primero» o «vino nuevo». Hecho este abrimiento, él y los que iban con él bebían de aquel vino y salíanse fuera al patio, al patio de la casa donde se hacía la fiesta, y iban donde estaban las tinajas del agua negra que eran dedicadas a él y habían estado cerradas cuatro días. Y abríalas este mismo que era la imagen deste dios. Y si después de abiertas estas tinajas parecía en alguna dellas alguna suciedad, como alguna pajuela o cabello, o pelo o carbón, luego decían que el que hacía la fiesta era hombre de mala vida, adúltero o ladrón, o dado al vicio carnal, y entonces le afrontaban con decirle que alguno de aquellos vicios estaban en él, o que era sembrador de discordias, o de cizañas. Afrontábanle en presencia de todos. Y cuando aquel que era la imagen deste dios salía de aquella casa, dábanle mantas, las cuales llamaban ixquen, que quiere decir «cubertura de la cara», porque quedaba avergonzado aquel que había hecho la fiesta si alguna falta se hallaba en el agua negra. La manera de atavíos deste dios se pondrá al fin deste libro.

CAPITULO XVII, habla del dios llamado Opuchtli, el cual era tenido y adorado en esta Nueva España
Este dios llamado Opuchtli le contaban con los dioses que se llamaban tlaloques, que quiere decir «habitadores del paraíso terrenal», aunque sabían que era puro hombre. Atribuían a este dios la invención de las redes para pescar peces, y también un instrumento para matar peces que le llaman minacachalli, que es como fisga, aunque no tiene sino tres puntas en triángulo, como tridente, con que hiere a los peces; y también con él matan aves. También éste inventó los lazos para matar las aves y los remos para remar.
Cuando hacían fiesta a este dios los pescadores y gente del agua que tienen sus grangerías en las aguas, al cual tenían por dios, ofrecíanle cosas de comer y vino de lo que ellos usaban, que se llama uctli, y por otro nombre se llama pulcre. También le ofrecían cañas de maíz verdes, y flores y cañas de humo que llaman yietl, y encienso blanco que llaman copalli, y una yerba olorosa que se llama yiauhtli sembraban delante dél, como cuando echan juncos cuando se hace procesión. Usaban también en esta solennidad de unas sonajas que iban en unos báculos huecos, que sonaban como cascabeles, o casi. Sembraban también delante dél un maíz tostado que llaman mumúchitl, que es una manera de maíz que cuando se tuesta revienta y descubre el meollo, y se hace como una flor muy blanca. Decían que éstos eran granizos, los cuales son atribuidos a los dioses del agua. Los viejos sátrapas que tenían cargo deste dios, y las viejas, decíanle los cantares de su loor.
La imagen deste dios es un hombre desnudo y teñido de negro todo, y la cara pardilla, tirante a las plumas de la codorniz. Tenía una corona de papel de diversas colores, compuesta a manera de rosa, que las unas hojas sobrepujan a las otras, y encima tenía un penacho de plumas verdes que salían de una borla amarilla. Colgaban desta corona unas borlas largas, hacia las espaldas. Tenía una estola verde cruzada, a manera de las que se ponen los sacerdotes cuando dicen misa. Tenía ceñido unos papeles verdes que le colgaban hasta las rodillas. Tenía unas cotaras o sandalias blancas. Tenía la mano izquierda una rodela tenida de colorado, y en el medio de este campo una flor blanca con cuatro hojas a manera de cruz, y de los espacios de las hojas salían cuatro puntas que eran también hojas de la misma flor. Tenía un cetro en la mano derecha, como un cáliz, y de lo alto dél salía como un casquillo de saeta.

CAPITULO XVIII, que habla del dios llamado Xipe Tótec, que quiere decir «desollado»
Este dios era honrado de aquellos que vivían a la orilla de la mar, y su origen tuvo en Tzapotlan, pueblo de Xalixco.
Atribuían a este dios estas enfermedades que se siguen: primeramente las viruelas; también las postemas que se hacen en el cuerpo, y la sarna; también las enfermedades de los ojos, como es el mal de los ojos que procede de mucho beber, y todas las demás enfermedades que se causan en los ojos. Todos los que eran enfermos de alguna de las enfermedades dichas, hacían voto a este dios de vestir su pellejo cuando se hiciese su fiesta, la cual se llama tlacaxipehualiztli, que quiere decir «desollamiento de hombres».
En esta fiesta hacían como un juego de cañas, de manera que el un bando era de la parte deste dios o imagen del dios Tótec, y éstos todos iban vestidos de pellejos de hombres que habían muerto y desollado en aquella fiesta, todos recientes y sangrientos y corriendo sangre. Los del bando contrario eran los soldados valientes y osados, y personas belicosas y esforzados que no tenían en nada la muerte, osados, atrevidos que de su voluntad salían a combatirse con los otros. Allí los unos con los otros se exercitaban en el exercicio de la guerra. Perseguían los unos a los otros hasta su puesto, y de allí volvían huyendo hasta su propio puesto. Acabado este juego, aquellos que llevaban los pellejos de los hombres vestidos, que eran de la parte deste dios Tótec, íbanse por todo el pueblo y entraban en las casas demandando que les diesen alguna limosna por el amor de aquel dios. En las casas onde entraban hacíanlos sentar sobre unos hacecillos de hojas de tzapotes, y echábanlos al cuello unos sartales de mazorcas de maíz, y otros sartales de flores, que iban desde el cuello hacia los sobacos. Y poníanlas guirnaldas y dábanlos a beber pulcre, que es su vino.
Si algunas mujeres enfermaban destas enfermedades dichas arriba, en esta fiesta deste dios ofrecían sus ofrendas, según qué habían votado.
La imagen deste dios es a manera de un hombre desnudo que tiene el un lado teñido de amarillo y el otro de leonado. Tiene la cara labrada de ambas partes a manera de una tira angosta que cae desde la frente hasta la quixada. En la cabeza, a manera de un capillo de diversas colores, con unas borlas que cuelgan hacia las espaldas. Tiene vestido un cuero de hombre. Tiene los cabellos tranzados en dos partes, y unas orejeras de oro. Está ceñido con unas faldetas verdes que le llegan hasta las rodillas, con unos caracolillos pendientes. Tiene unas cotaras o sandalias. Tiene una rodela de color amarillo, con un remate colorado todo alrededor. Tiene un cetro con ambas manos, a manera de la copa de la dormidera, donde tiene la semilla, con un casquillo de saeta encima empinado.

CAPITULO XIX, habla del dios que se llamaba Yiacatecuhtli, dios de los mercaderes
Este dios llamado Yiacatecuhtli hay conjectura que comenzó los tratos y mercaderías entre esta gente, y ansí los mercaderes le tomaron por dios y le honraban de diversas maneras. Una de las cosas con que le honraban era que le ofrecían papel, y le cubijaban con el mismo papel donde quiera que estaban sus estatuas. También tenían en mucha veneración al báculo con que caminaban, que era una caña maciza que ellos llaman útlatl, y también usan de otra manera de báculo que es una caña negra liviana, maciza, sin ñudo ninguno, que es como junco de los que se usan en España. Todos los mercaderes usan desta manera de báculos por el camino, y cuando llegaban a donde habían de dormir, juntaban todos sus báculos en una gavilla atados, y hincábanlos a la cabecera donde habían de dormir, y derramaban sangre delante dellos, de las orejas o de la lengua o de las piernas o de los brazos. Y ofrecían copal. Hacían fuego y quemábanle delante de los báculos, los cuales tenían por imagen del mismo dios, y en ellos honraban al mismo dios Yiacatecuhtli. Con esto le suplicaban que los amparase de todo peligro.
Estos mercaderes discurren por toda la tierra, tratando, comprando en una parte y vendiendo en otra lo que habían comprado. Estos mercaderes discurren por todas las poblaciones que están ribera de la mar y la tierra adentro. No dexan cosa que no escudriñan y pasean, en unas partes comprando y en otras vendiendo. No dexan lugar donde no buscan lo que allí se puede comprar o vender, ni porque la tierra sea muy caliente ni porque sea muy fría, ni porque sea muy áspera no dexan de pasarla ni de trastornalla, buscando lo que en ella hay precioso o provechoso para comprar o vender. Son estos mercaderes sufridores de muchos trabajos, y osados para entrar en todas las tierras aunque sean las tierras de enemigos, y muy astutos para tratar con los estraños, así deprendiendo sus lenguas como tratando con ellos con benivolencia para atraerlos a su familiaridad. Estos descubren dónde hay las plumas preciosas y las piedras preciosas y el oro, y las compran y las llevan a vender donde saben que han de valer mucho. También éstos descubren a dónde hay pellejos de animales esquisitos y preciosos, y los venden donde valen mucho. Tratan también en vasos preciosos, hechos de diversas maneras y pintados con diversas figuras, según que en diversas tierras se usan, unos con tapaderos hechos de conchas de tortugas, y cucharas de lo mismo para revolver el cacao; otros con tapaderos muy pintados de diversas colores, y figuras hechas a manera de una hoja de un árbol, y otros palos preciosos para revolver el cacao.
Si han de entrar en tierra de guerra, primero deprenden el lenguaje de aquella gente, y toman el traje della para que no parezcan que son estranjeros, sino que son naturales.
Acontecía muchas veces que los enemigos los conocían y los prendían y mataban. Y si uno o dos o más se podían escapar, iban a dar mandado al señor principal de la tierra, como Motecuzuma o otros de sus antecesores, y llevaban algunas de aquellas riquezas que habían en aquella tierra, y presentábanlas al señor, y contábanle lo que habían pasado, y dábanle la relación de la tierra que habían visto. El señor, en remuneración de sus trabajos, para que fuese honrado en el pueblo y tenido por valiente, poníale un bezote de ámbar, que es una piedra larga amarilla, trasparente, que cuelga del bezo baxo agujerado, en señal que era valiente y era noble, y esto se tenía en mucho.
Estos mercaderes partíanse de sus parientes con grandes cerimonias, según sus ritos antiguos, cuando iban a mercadear a tierras estrañas, y estaban por allá muchos años, y cuando volvían a sus tierras venían cargados de muchas riquezas. Y para hacer demostración de lo que traían y dar relación de las tierras por donde habían andado, y de las cosas [que] habían visto, convidaban a todos los mercaderes, en especial a los principales dellos, y a los señores del pueblo, y los hacían gran convite. A este convite llamábanle «lavatorio de pies», y los convidados reverenciaban grandemente al báculo con que habían ido y vuelto. Tenían que era imagen de aquel dios, y que le había dado favor para ir y volver y andar los caminos que anduvo. Para hacer esta honra al báculo le ponían en una de las casas de oración que tenían en los barrios, que ellos llamaban calpulli, que quiere decir «iglesia del barrio» o «perrocha». En este calpulli donde se contaba este mercader ponían el báculo en lugar venerable.
Y cuando daban comida a los convidados, primeramente ponían comida y flores y acáyietl, etcétera, delante del báculo. Y fuera del convite todas las veces que comía este mercader ofrecía primeramente comida y las demás cosas al báculo, que le tenía en su oratorio, dentro de su casa.
Estos mercaderes, después que venían prósperos de las tierras de donde habían andado, como tenían caudal, compraban esclavos y esclavas para ofrecerlos a su dios, en su fiesta, el cual principalmente era Yiacatecuhtli, y éste tenía cinco hermanos y una hermana, y a todos los tenían por dioses. Y como se inclinaba su devoción, sacrificaban esclavos a cada uno dellos en su fiesta, o a todos juntos, o a la hermana. El uno de los hermanos se llamaba Chiconquiáhuitl; el otro, Xomócuil; el otro, Nácxit; el otro, Cochímetl; el otro, Yacapitzáhuac; la hermana se llamaba Chalmecacíhuatl. A éstos o alguno dellos ofrecían un esclavo, o más, sacrificándolos en su presencia, vestidos con los ornamentos de aquel dios, como si fuera su imagen.
Había una feria ordinaria donde se vendían y compraban esclavos, hombres y mujeres, en un pueblo que se llama Azcaputzalco, que es dos leguas de México. Allí las iban a escoger entre muchos, y los que compraban miraban muy bien que el esclavo o esclava no tuviese alguna enfermedad o fealdad en el cuerpo. A estos esclavos, hombres y mujeres, después que los compraban, criábanlos en mucho regalo y vestíanlos muy bien. Dábanlos a comer y beber abundantemente, y bañábanlos con agua caliente, de manera que los engordaban porque los habían de comer y ofrecer a su dios. También los regocijaban, haciéndolos cantar y danzar, a las veces sobre la azotea de sus casas, o en la plaza. Cantaban todos los cantares que sabían, hasta que se hartaban de cantar, y no estimaban en nada la muerte que les estaba aparejada. Mataban estos esclavos en la fiesta que se llama panquetzaliztli, y todo el tiempo antes de llegar a aquella fiesta los regalaban como está dicho. Y si entre estos esclavos había algún hombre que parecía de buen juicio y que era diligente para servir y sabía bien cantar, o alguna mujer que era dispuesta y sabía bien hacer de comer y de beber y labrar y texer, a estos tales los principales los compraban para servirse dellos en sus casas, y los escapaban del sacrificio.
La imagen deste dios se pintaba como un indio que iba camino, con su báculo, y la cara tenía manchada de blanco y negro. En los cabellos llevaba atadas dos borlas de plumas ricas, que se llamaban quetzalli: iban atadas en los cabellos del medio de la cabeza, recogidos como una gavilla de todo lo alto de la cabeza. Tiene unas orejeras de oro. Está cubierto con una manta azul, y sobre el azul una red negra de manera quel azul se parece por las mallas de la red. Tenía una flocadura esta manta por todas las orillas, en la cual estaban texidas unas flores. Tenía en la garganta de los pies unas como calzuelas de cuero amarillo de las cuales colgaban unos caracolitos mariscos. Tenía en los pies unas cotaras muy curiosas y labradas. Tenía una rodela teñida de amarillo con una mancha en el medio, de azul claro, que no tiene ningún labor. Tenía en la mano derecha su báculo con que van camino.

CAPITULO XX, que habla del dios llamado Nappatecuhtli
Este dios Nappatecuhtli era el dios de los que hacen esteras de juncias, y es uno de los que llaman tlaloques. Dicen que éste es el que inventó el arte de hacer esteras, y por eso le adoran por dios los deste oficio que hacen esteras, que llaman petates, y hacen sentaderos que llaman icpales, y hacen cañizos de juncias que llaman tolcuextli. Decían que por la virtud deste dios nacían y se criaban las juncias y juncos y cañas con que ellos hacen su oficio. Y porque tenían que este dios producía también las lluvias, hacíanle fiesta donde le reverenciaban y adoraban y le demandaban que diese lascosas que suele dar, que es agua, juncias, etcétera.
En su fiesta compraban un esclavo para sacrificarle delante dél, ataviándole con los ornamentos deste dios, como que fuese su imagen. Este, el día que había de morir, después de compuesto como está dicho, poníanle en la mano un vaso verde lleno de agua, y con un ramo de salce rociaba a todos con aquella agua, como quien echa agua bendita. Y cuando entre año alguno destos deste oficio quería por su devoción hacer fiesta a este dios, daba relación dello a sus sátrapas, y todos ellos llevaban a un sátrapa vestido con los ornamentos deste dios, como su imagen, y por donde iba, iba echando el agua, rociando a los que estaban por donde pasaban con un ramo de salce, como quien echa agua bendita.
Llegado, poníanle en su lugar y hacían algunas cerimonias en su presencia, rogándole que hiciese mercedes en aquella casa. El que hacía esta fiesta daba de comer y beber al dios y a los que con él iban, y a todos los que había convidado. Esto hacía en agradecimiento de la prosperidad y riqueza que ya tenía, teniendo entendido que este dios se la había dado. Y a este propósito hacía este convite, y en él se hacían danzas y cantares a su modo, a honra deste dios, porque le tuviese por agradecido, y gastaba todo cuanto tenía. Y decía: «No se me da nada de no quedar con nada, con tal que sea mi dios servido desta fiesta, y si me quisiere dar más o dexarme sin nada, hágase como él quisiere».
Dicho esto cubría con una manta blanca al que iba por imagen deste dios, y así se iba para su templo con los que habían venido con él. Ido él, comían el que hacía convite y los parientes.
Estos oficiales de hacer petates y otras cosas de juncia tenían cuidado de ataviar y componer y barrer y limpiar y sembrar juncia en el templo deste dios. Tenían asimismo cuidado de poner petates y asentadores de juncia que llaman icpales, y que hubiese allí toda limpieza y todo avío, de manera que ni una paja ni otra cosa estuviese caída en el templo.
La imagen deste dios es como un hombre que está teñido de negro todo, así el cuerpo como la cara, salvo que la cara tiene unas pecas blancas entre lo negro. Tíene una corona de papel pintada de blanco y negro. Tiene unas borlas que cuelgan de la corona sobre las espaldas, y de las mismas borlas sale un penacho hacia el colodrillo, que tiene tres plumas verdes. Tiene ceñido unas faldetas que le llegan hasta la rodilla, con unos caracolitos mariscos y pintado de blanco y negro. Tiene las cotaras blancas, y en la mano izquierda tiene una rodela a manera de ninfa, que es una yerba de agua, ancha, como un plato grande, y en la mano derecha tiene un báculo florido. Las flores son de papel. Tiene una banda a manera de estola desde el hombro derecho, cruzada por el sobaco izquierdo, pintado de unas flores negras sobre blanco.

CAPITULO XXI, que habla de muchos dioses imaginarios, a los cuales todos llamaban tlaloques
A todos los montes eminentes, especialmente donde se arman nublados para lluver, imaginaban que eran dioses, y a cada uno dellos hacían su imagen según la imaginación que tenían delios. Tenían también imaginación que ciertas enfermedades, los cuales parecen que son enfermedades de frío, procedían de los montes, o que aquellos montes tenían poder para sanallas. Y aquellos a quienes estas enfermedades acontecían, hacían voto de hacer fiesta y ofrenda a tal o tal monte de quien estaba más cerca o con quien tenía más devoción.
También hacían semejante voto aquellos que se vían en algún peligro de ahogarse en el agua de los ríos o de la mar.
Las enfermedades por que hacían estos votos era la gota de las manos o de los pies, o de cualquiera parte del cuerpo. Y también el tullimiento de algún miembro o de todo el cuerpo. Y también el envaramiento del pescuezo o de otra parte del cuerpo, o encogimiento de algún miembro, o el pararse yerto.
Aquellos a quien estas enfermedades acontecían, hacían voto de hacer las imágenes destos dioses que se siguen: del dios del aire, la diosa del agua y el dios de la lluvia; también la imagen del vulcán que se llama Popucatépetl, y la imagen de la Sierra Nevada, y la imagen de un monte que se llama Poyauhtécatl, o de otros cualesquier montes a quien se inclinaban por su devoción.
El que había hecho voto a alguno, a algunos montes o destos dioses, hacía su figura de una masa que se llama tzoalli, y poníalos en figura de personas. No lo hacía él por sus manos, porque no le era lícito, sino rogaba a los sátrapas, que eran en esto experimentados y para esto señalados, que le hiciesen estas imágenes a quien había hecho el voto. Los que las hacían poníanles dientes de pepitas de calabaza, y poníanles en lugar de ojos unos frisoles negros que son tan grandes como habas, aunque no de la misma hechura, y llámanlos ayecutli. En los demás atavíos poníanselos según la imagen con que los imaginan y pintan, al dios del viento como a Quetzalcóatl, al agua como la diosa del agua, a la lluvia como al dios de la lluvia, y a los otros montes según las imágines con que los pintan. Después de hechas estas imágines ofrecíanles papel de lo que ellos hacían, y era que un pliego de papel le echaban muchas gotas de la goma que se llama ulli, derretido. Hecho esto, colgaban al cuello de la imagen el papel, de manera que le cubría desde los pechos abaxo, y con el remate de abaxo arpaban el papel. También ponían estos mismos papeles goteados con ulliy colgados de unos cordeles delante de las mismas imágines, de manera que los papeles estaban asidos los unos de los otros, y meneábalos el aire porque estaban los cordeles en que estaban los papeles colgados atados a las puntas de unos varales o báculos que estaban hincados en el suelo, y de la una punta del uno a la punta del otro estaba atado el cordel o mécatl.
Ofrecían ansimismo a estas imágines vino o uctli o pulcre, que es el vino de la tierra, y los vasos en que lo ofrecían eran desta manera: hay unas calabazas lisas, redondas, pecosas entre verde y blanco o manchadas, que las llaman tzilacayotli, que son tan grandes como un gran melón; a cada una destas partíanla por la mitad y sacábanle lo que tenía dentro, y quedaba hecha como una taza, y henchíanla del vino dicho, y poníanlas delante de aquella imagen o imágines, y decían que aquellos eran vasos de piedras preciosas que llaman chalchíhuitl.
Todas estas cosas dichas hacían los sátrapas que eran experimentados o estaban señalados para estos sacrificios. La otra gente no usaban hacer esto aunque fuese para en su casa.
Después de hechas las imágines, aquellos por cuyo voto se hacían convidaban a los sátrapas para el quinto día. Después de hechas las imágines se había de hacer la fiesta. Y llegado el quinto día, aquella noche velando, cantando y bailando a honra de aquellas imágines y de los dioses que representaban, y aquella noche ofrecían cuatro veces tamales, que son como unos pastelejos redondos hechos de maíz, a los que cantaban y bailaban, que eran los sátrapas que habían hecho estas imágines, y otros convidados para esta fiesta. A todos daban comida cuatro veces en aquella noche, y todas cuatro veces tocaban instrumentos musicales, los que ellos usaban, que eran silbos que hacen metiendo el dedo muñique en la boca y tocando caracoles y flautas de las que ellos usaban. Esto hacían unos mozos juglares que usaban de hacer esta música, y también a éstos les daban comida. Esto se hacía cuatro veces en esta noche.
En amaneciendo, los sátrapas descabezaban aquellas imágines que habían hecho de masa. Descabezábanlos torciéndolos las cabezas, y tomaban toda aquella masa y llevábanla a la casa donde estaban todos juntos los sátrapas, que se llamaba calmécac.
Y aquellos por cuyo voto se habían hecho aquellas imágines, entrábanse luego donde estaban sus convidados. Estaban con ellos todo aquel día, y a la tarde, de par de noche, bebían todos los viejos y viejas vino que se llama pulcre o uctli, porque éstos tenían licencia de beber vino, y después que ya estaban medio borrachos, o del todo, se iban para sus casas. Unos dellos iban llorando; otros iban haciendo fieros como valientes, y bailando, y pompeándose; otros iban reñiendo unos con otros.
Los que hacían esta fiesta convidaban y apercibían para ella a los taberneros que hacían el pulcre, y exhortábanlos para que hiciesen buen vino, y los taberneros procuraban de hacer bien su vino, y para esto se abstenían cuatro días de llegar a mujer ninguna, porque tenían que si llegasen a mujer en aquellos días, el vino que hiciesen se había de acedar y estragar. Absteníanse ansimismo aquellos días de beber el pulcre ni la miel de que se hace, ni aun mojando el dedo en ella lo llegaba a la boca hasta en tanto que el cuarto día se encetase con la cerimonia que arriba se dixo. Tenían por agüero que si alguno bebía el vino, aunque fuese muy poco, antes que se hiciese la cerimonia del abrimiento de las tinajas, como arriba se dixo, que se le había de torcer la boca hacia un lado en pena de su pecado. Decían también que si alguno se le secaba la mano o el pie, o temblaba o se le acucharraba la mano o el pie, o le temblaba la cara, o le temblaba la boca o los labios, o si entraba en él algún demonio, todo esto decían que acontecía porque estos dioses de que aquí se trata se habían enojado contra él.
Después de acabada la fiesta, otro día luego de mañana el que había hecho la fiesta juntaban a sus parientes y a sus amigos y a los de su barrio, con todos los de su casa, y acababan de comer y beber todo lo que había sobrado de la fiesta. A esto llamaban apehualo, que quiere decir «añadidura a lo que estaba comido y bebido». Ninguna cosa quedaba de comer ni de beber para otro día.
Decían que los gotosos, haciendo esta fiesta sanabande la gota o de cualesquiera de las enfermedades que arriba se dixeron, y los que habían escapado de algún peligro de agua, con hacer esta fiesta cumplían con su voto.
Acabada toda la fiesta, los papeles y aderezos con que habían adornado estas imágines, y todas las vasijas que habían sido menester para el convite, tomábanlo todo y llevábanlo a un sumidero que está en la laguna de México, que se llama Pantitlan, y allí lo arrojaban todo.

CAPíTULO XXII, que habla del dios llamado Tezcatzóncatl, que es uno de los dioses del vino
El vino o pulcre desta tierra siempre los tiempos pasados lo tuvieron por malo, por razón de los malos efectos que dél se causan, porque los borrachos unos dellos se despeñan, otros se ahorcan, otros se arronjan en el agua donde se ahogan, otros matan a otros estando borrachos, y todos estos efectos los atribuían al dios del vino y al vino, y no al borracho. Y más, tenían que el que decía mal deste vino o murmuraba dél, le había de acontecer algún desastre. Lo mismo de cualquiera borracho, que si alguno murmuraba dél o le afrontaba, aunque dixese o hiciese mil bellaquerías, decían que habían de ser por ello castigado, porque decían que aquello no lo hacía él, sino el dios, o por mejor decir el diablo que estaba en él, que era este Tezcatzóncatl o alguno de los otros.
Este Tezcatzóncatl era pariente o hermano de los otros dioses del vino, los cuales se llamaban, uno Yiauhtécatl, otro Acolhua, otro Tlilhua, otro Pantécatl, otro Izquitécatl, otro Tultécatl, otro Papáztac, otro Tlaltecayohua otro Umetuchtli, otro Tepuztécatl, otro Chimalpanécatl, otro Colhuatzíncatl.
De lo arriba dicho se colige claramente que no tenían por pecado aquello que hacían estando borrachos, aunque fuesen gravísimos pecados. Y aun se conjectura con harto fundamento que se emborrachaban por hacer lo que tenían en su voluntad, y que no les fuese imputado a culpa, y se saliesen con ello sin castigo. Y aún agora en el cristianismo hay algunos o muchos que se escusan de sus pecados con decir que estaban borrachos cuando los hicieron, y esto con pensar que el opinión errónea que tenían de antes corre también en el cristianismo, en lo cual están muy engañados, y es menester avisallos dello, así en la confesión como fuera della.


Comentarios

  1. Muy buena lectura, no parece taaaaaaaaaaaanto filosofía (parece más historia, Miss :c) pero a quien le guste conocer este tipo de mitología de cierto modo que había en anteriores épocas, es maravilloso. Solo hay una cosa que me hace ruido, ¿por qué le decían "El Negrillo" a Ixtlilton? Jajaja.

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  2. Se trata de que veas, cómo era la forma de pensar de esa época y eso es filosofía Kike y respecto a
    "el negrillo" era quien curaba y poseía un agua de color oscuro.

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