Las ordenes religiosas en México y América

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Los hábitos y las órdenes religiosas de la Nueva España
Al revisar las costumbres de la Nueva España podríamos afirmar que "el hábito sí hace al monje". Aquí te presentamos información en torno al uso del hábito de las diferentes congregaciones religiosas durante aquel periodo.
Si prestamos atención al significado que dan los diccionarios a la palabra “hábito”, se lee que es un símbolo exterior de la actividad espiritual; la forma visible del hombre interior. Por otro lado, se afirma que no es sólo un atributo exterior, extraño a la naturaleza del individuo que lo lleva, sino que expresa su realidad esencial y fundamental.
Según estas palabras, se entiende que las vestimentas que utilizan las diversas órdenes religiosas, así como las personas del clero secular, además de que son un elemento unificador para quienes lo llevan dentro de una comunidad, en buena medida también identifican sus ideales espirituales, que generalmente están relacionados con su origen, con las personas que fundaron cada congregación y con las reglas que los sustentan.
La historia de la Iglesia refiere que desde los primeros tiempos del cristianismo hubo quienes se alejaron a los desiertos a llevar una vida de austeridad y oración. Vivían aislados, vestían pobremente con túnicas talares (vestiduras que llegaban al talón) y muchas veces habitaban en cavernas, por ello son nombrados ermitaños, anacoretas o eremitas.
Más adelante surgieron hombres que, impulsados por ideales religiosos semejantes, decidieron agruparse para vivir en comunidad, como San Benito de Nursia, quien en el siglo V, junto con sus discípulos fundó en Montecasino una congregación que sirvió de modelo para muchas más. Aunque todavía no puede hablarse de una regla común que los rigiera, puede decirse que el santo italiano organizó la vida de su comunidad de tal manera que, además de cumplir con los oficios religiosos, se dedicaban a desarrollar tareas que les permitían subsistir en el interior de su monasterio.
Entre las fundaciones que siguieron el ejemplo de los monjes (del griego mono que significa solo) benedictinos están los monjes del Císter de San Bernardo de Claraval y los cartujos fundados por San Bruno. Este tipo de organizaciones monásticas tuvo mucho auge en Europa durante la llamada Edad Media, distinguiéndose algunos por su vida austera y su clausura absoluta.
Posteriormente con San Francisco de Asís, en el siglo XII surgió una nueva forma de vida religiosa: las órdenes mendicantes, que se caracterizaban por vivir de la limosna y llevar un tipo de vida mixta, ya que además de predicar la palabra de Dios vivían en comunidad. De allí viene el nombre de “frailes”, pues se mezclaban con la gente para cumplir con su ministerio. En general, estas congregaciones se obligaban a cumplir con tres votos: pobreza, castidad y obediencia.
Algunas de estas órdenes religiosas, que son nombradas por la Iglesia como “clero regular”, crearon la rama femenina, llamada “segunda orden”, y aceptaron a seglares que, viviendo en el mundo, simpatizaban con los principios espirituales de la fundación que admiraban; a éstos se les agrupó en la “tercera orden” y se les llamó terciarios.
Cada orden religiosa era identificada por su vestimenta o hábito, por los diversos elementos que lo constituía, como tipo de túnica, escapulario, capucha, capa, cinturón o cordón. Muy importantes fueron los colores de cada indumentaria, que generalmente están relacionados con los ideales del fundador y con sus tareas evangelizadoras. Asimismo, cada congregación tenía su divisa o escudo con significados diversos, los que suelen aparecer en el hábito o en los diversos objetos que utilizan para su ministerio.
LOS HÁBITOS RELIGIOSOS DE LA NUEVA ESPAÑA
Vale la pena mencionar, en primer lugar, que es a través de los variados testimonios que han llegado a nuestros días, como grabados, pinturas y esculturas del período virreinal, como podemos conocer cómo vestían y qué símbolos identificaban a las diversas órdenes religiosas que trabajaron durante los tres siglos de la dominación española.
Resulta imposible, en tan breve espacio, hablar de todas las órdenes religiosas que arribaron a la Nueva España, por lo que recordaremos aquí sólo algunas de ellas, como las que llevaron a cabo la magna tarea evangelizadora entre los pueblos indígenas, durante la segunda mitad del siglo XVI.
LOS FRANCISCANOS
Doce seguidores –al igual que los doce apóstoles de Cristo– de San Francisco de Asís llegaron a estas tierras en 1524, a escasos tres años de la caída de la gran Tenochtitlan, para iniciar la evangelización sistemática de la población indígena. Este hecho ha quedado perpetuado en una interesante pintura mural que se encuentra en el claustro del convento de San Miguel Arcángel, en Huejotzingo, Puebla. En ella se ven los doce frailes, con sus respectivos nombres, encabezados por fray Martín de Valencia vistiendo sus hábitos característicos: túnica talar de anchas mangas, sujeta a la cintura por un cordón que, a la vez que simboliza el voto de castidad, recuerda su voto de pobreza.
En esta pintura no se aprecia el color de la vestimenta debido a que fue ejecutada en los tonos grises típicos de estos trabajos murales; sin embargo, por otro tipo de testimonios sabemos que los franciscanos en México, debido a su extrema pobreza, utilizaron diversas clases de telas para su hábitos por lo que los colores variaron de los grises a los diferentes tonos de café. En su Historia Eclesiástica Indiana, fray Jerónimo de Mendieta señala: “Y todos ellos pasaban esta desnudez, que fue muy grande en aquellos principios; porque los frailes que a la sazón venían a España no usaban más ropa que la que traían vestida, y aquella se les acababa en poco tiempo, y no había sayal, ni de qué hacer, si no eran mantas de algodón teñidas de pardo”. Por otro lado, también se vistieron de color azul por la gran devoción que tuvieron por la Virgen María.
LOS DOMINICOS
También llamados Predicadores, fueron fundados por el español Domingo de Guzmán en el siglo XI y se distinguieron, al igual que los franciscanos, por su labor evangelizadora. El nombre de la orden se deriva de un sueño que tuvo la madre del santo cuando estaba encinta: vio a un perro (can) que llevaba en el hocico una antorcha, lo cual interpretó como que el hijo que llevaba en sus entrañas era portador de la “luz de Dios” con la que iluminaría y salvaría a quienes lo escucharan, por lo tanto se ha interpretado que los dominicos son “los fieles perros de Dios”.
Su hábito se compone de una amplia túnica ceñida por una correa de la que pende un rosario, un escapulario (tira de tela que se mete por la cabeza para cubrir pecho y espalda) que cae hasta los tobillos, esclavina (capa pequeña que cae a la altura de los hombros) con amplio capillo o capucha, todo esto de color blanco, y para salir, una amplia capa con esclavina de color negro. La tradición dominica cuenta que el hábito fue inspirado por la Virgen María a uno de los frailes; en cuanto a los colores, el blanco recuerda la castidad de los frailes y el negro su vida de penitencia, tal como se aprecia en la imagen de San Jacinto de Polonia.
Los dominicos llegaron a la Nueva España en 1526 y se distinguieron por su amplia labor entre los indígenas de Oaxaca y Morelos. Justamente en este estado, en la población de Talquiltenango, en los muros de su convento dejaron testimonio de su presencia en una magnífica pintura mural que representa a su fundador y a algunos santos y santas de su orden.
En el retrato de Ramón Casaus Torres, quien fuera juez calificador del Santo Oficio en la Nueva España, puede apreciarse su hábito dominico. De igual forma, las monjas dominicas visten con los mismos colores; y al igual que la rama masculina, el escudo que las distingue lleva una cruz rematada en flores de lis con los colores de la orden.
LOS AGUSTINOS
Aunque llevan el nombre de San Agustín, el gran teólogo y Doctor de la Iglesia del siglo IV, quien después de su conversión fundó una comunidad en el desierto, en el norte de África, la orden fue fundada tiempo después en la Edad Media, y sus seguidores se inspiraron en sus escritos.
Por disposición del papa Alejandro IV, el hábito que los identifica es de color negro, de amplias mangas, con capillo y esclavina. Llevan una correa del mismo color cuyo extremo libre cuelga por delante y al igual que el cordón franciscano, esta correa se convirtió en un símbolo de la orden.
Los agustinos arribaron a la Nueva España en 1533 y se distinguieron por sus monumentales construcciones conventuales, como las que aún pueden admirarse en los estados de Hidalgo, como el de Actopan, en cuyas pinturas murales se destacan los santos de la orden vistiendo sus hábitos característicos. Notable es el relieve que muestra a la Virgen María entregando simbólicamente el cinturón de la orden a San Agustín y a su madre Santa Mónica, en alusión al poder de intercesión que tienen los santos.
En el retrato del agustino Gaspar de Molina y Oviedo puede observarse cómo solía pintarse a este tipo de personajes que, aunque habían logrado cierto rango dentro de la Iglesia, se retrataban con el hábito de la orden y sobre él, la indumentaria de su dignidad eclesiástica.
LOS JESUITAS
La Compañía de Jesús fue fundada por San Ignacio de Loyola en 1540 para defender a la Iglesia Católica del grave cisma que habían provocado las ideas de Martín Lutero, por ello a los jesuitas se les considera como los máximos representantes de la “Contrarreforma”. El nombre de esta congregación fue escogido por el santo de Loyola y sus primeros seguidores, quienes decidieron utilizar el nombre de “compañía” encabezada por un “general”, como si fueran verdaderos soldados en lucha por defender al catolicismo; para su escudo decidieron utilizar las siglas del nombre de Jesús en latín, esto es I.H.S. Su vestimenta es diferente a la de las otras órdenes regulares ya que no usan hábito, sino una sotana negra cerrada al frente, como los clérigos, y ceñida por una faja.
La Compañía de Jesús llegó a la Nueva España en 1572 con el claro objetivo de evangelizar, tal como lo hicieron en el siglo XVII en la región de la California, donde se distinguió el padre Juan María de Salvatierra. También les interesó educar a la juventud novohispana. Es por lo que utilizan el nombre de “colegios” y no de conventos para sus edificaciones, ya que en ellos habitaban maestros y alumnos.
LOS CARMELITAS
Esta orden tuvo su origen en los ermitaños que, siguiendo el ejemplo del profeta Elías, llevaban vida contemplativa en el monte Carmelo, en Palestina. En el siglo XII, la orden emigró a Europa y siguió la regla que había formulado San Simón Stock. Su hábito consiste en una amplia túnica color café oscuro, sujeta por un cinturón cuyo extremo pende de lado; asimismo un escapulario y esclavina con capillo del mismo color. Para salir usan amplia capa blanca y suelen calzar sandalias de cuero.
Las monjas carmelitas visten de igual manera, como aparece en el bello lienzo que representa los “desposorios místicos”, esto quiere decir el momento en el que las religiosas comprometen su vida al servicio del “esposo amado”, que es Jesucristo.
Los carmelitas, llegados a la Nueva España en 1585, se distinguieron por su vida contemplativa de oración, para lo cual construyeron sus conventos en lugares alejados a los que denominaron “Santos Desiertos”, como los bellos ejemplos que aún existen en Tenancingo y en el Desierto de los Leones.
LOS MERCEDARIOS
Esta fundación del siglo XII-XIII, tuvo como principal objetivo auxiliar a los cautivos de los moros, así fue inspirado a San Pedro Nolasco por la Virgen María. Su hábito es todo blanco sujeto por un cinturón; encima un escapulario hasta los tobillos, esclavina y capillo, así como con amplia capa. Sobre el escapulario suele ir el escudo de la orden, que consiste en una cruz de Malta en la parte superior, blanca sobre fondo rojo (emblema de la ciudad de Barcelona), y en la parte inferior, cuatro barras rojas sobre fondo amarillo, de la Casa de Aragón.
Con Hernán Cortés llegó el primer mercedario, que venía como capellán de las tropas, fray Bartolomé de Olmedo; más tarde, a fines del siglo XVI, arribaron los que fundarían uno de los conventos más bellos, del que queda el precioso claustro en la zona denominada precisamente de La Merced.
LAS ÓRDENES FEMENINAS
Como ya se dijo, las órdenes regulares, con excepción de la Compañía de Jesús, tenían la llamada “segunda orden”, que se dedicó especialmente a la educación de las niñas y las jóvenes. En el bello lienzo que se encuentra en el Museo Nacional del Virreinato pueden apreciarse las diversas congregaciones que se establecieron en la Nueva España. Algunas de ellas también se dedicaron al cuidado de los enfermos y a la atención de las mujeres abandonadas. Los hábitos de las monjas eran de los mismos colores de la orden masculina de la cual provenían y solían cubrir la cabeza con toca blanca y velo blanco, si eran novicias, o velo negro si ya eran profesas y ya habían hecho sus tres votos.
Otras más, como las Concepcionistas, habían sido fundadas sólo con el objetivo de recibir mujeres; tal fue el caso de esta orden, creada en España por Beatriz de Silva; vestían de azul y blanco en alusión a su devoción mariana. Esta comunidad fue la primera orden femenina que llegó a la Nueva España en el siglo XVI. Su convento llegó a ser uno de los más grandes de la capital novohispana (aún se conserva el templo) ya que edificaron en su interior celdas particulares en las que se albergaban las monjas y damas seglares, lo cual rompió con la verdadera vida religiosa en comunidad, tanto así que se dice que el convento de La Concepción “observaba una regla que era como un suave yugo religioso”.
Las Capuchinas, al igual que las Clarisas (fundadas por Santa Clara de Asís), fue una de las órdenes femeninas derivadas de los franciscanos. La primera se distinguió por llevar una vida de mayor austeridad y pobreza que siempre se reflejó en su vestimenta.
Para terminar, quiero recordar a las monjas de San Jerónimo, a las que tanto lustre dio nuestra “décima musa”, sor Juana Inés de la Cruz. La fundación de la orden se hizo en 1584. Su hábito era blanco y negro y se distinguieron por su vida de oración y las diversas labores femeninas que realizaban en el interior del convento.
En algunas ocasiones, las religiosas llevaban bellos escudos sobre el pecho con escenas alusivas a la Virgen María, bien fueran pintadas o bordadas. No se sabe a ciencia cierta cuándo y quiénes portaban estos escudos, lo cierto es que siempre han sido motivo de admiración por la delicadeza de los trazos de esta obra miniada que ornamenta la indumentaria religiosa femenina.
https://www.mexicodesconocido.com.mx/el-habito-si-hace-al-monje.html
Principales órdenes religiosas que llegaron a Nueva España.

Con el fin de evangelizar arribaron a la Nueva España, las órdenes religiosas de :
Los jesuitas (llamados también "La Compañía de Jesús") fueron la orden religiosa más importante en la Nueva España, ellos ejercían ministerios encaminados a la enseñanza informal, misma que se consolidaba a través de la prédica, los sermones, la confesión, los ejercicios espirituales, las visitas a cárceles y hospitales.
Los franciscanos se encargaban de fundar conventos a los cuales acudían los indígenas, pero no todos.
Los dominicos fueron la otra orden importante que se estableció en el virreinato, con poco tiempo de diferencia de los franciscanos. Llegaron hacia 1526 y establecieron sus misiones en Oaxaca y Chiapas.
Los agustinos fueron la tercera orden en importancia, llegada en 1534 y extendida por la Mixteca y el Estado de Guerrero, pero más tarde lograron su expansión por la Huasteca de San Luis Potosí y Veracruz, unos años después a Michoacán.
Las órdenes minoritarias se dedicaban a atender los hospitales y las escuelas, como los juaninos, los hipólitos, los carmelitas, y los mercedarios, además de algunas órdenes femeninas como las clarisas.
Órdenes religiosas y reducciones en América Colonial
Adriano VI, con la bula Onmimoda, había renovado los privilegios de las órdenes mendicantes para evangelizar a los paganos, reforzando su papel frente a las órdenes monásticas tradicionales, como las contemplativas y las órdenes militares, protagonistas de la reconquista española. Las primeras órdenes mendicantes en América fueron la franciscana y la dominicana, acompañadas por la Merced, una orden no mendicante que a través de uno frailes, había acompañado a Colón en su segundo viaje. Posteriormente arribaron los agustinos y a mediados del siglo XVI los jesuitas, la cuarta orden mendicante en hacer acto de presencia, seguida de otras órden menores, como carmelias descalzos, capuchinos, etc. También encontramos una importante presencia de órdenes femeninas: agustinas, brígidas, capuchinas, carmelitas, clarisas, concepcionistas, dominicas, la Encarnación, la Enseñanza y jerónimas. Las religiosas, especialmente las franciscanas y dominicas, tuvieron un papel importante en la educación de niñas y jóvenes indígenas. Ya en 1524 Hernán Cortés había solicitado el envío de religiosas a México. Además, estuvieron presentes en las colonias americanas algunas órdenes hospitalarias, como la de San Juan de Dios.
Desde el comienzo de la conquista espiritual y ante el protagonismo creciente de las órdenes religiosas, el Vaticano quiso estar presente y en 1568 creó la Congregación para la Conversión de los Infieles, buscando un cierto liderazgo en el proceso. En 1622 comenzó a funcionar Propaganda Fide, con un objetivo misional relacionado con América. Sin embargo, España y Portugal se opusieron frontalmente a las reivindicaciones vaticanas impidiendo la injerencia papal. La evangelización de los indios se modificó a partir del Concilio de Trento, ya que la preeminencia de las órdenes religiosas fue relegada a un segundo plano en beneficio del clero secular y de los obispos, a tal punto que los nuevos monasterios de las órdenes religiosas deberían erigirse en los territorios periféricos.
La orden mercedaria tuvo una labor misional discreta en las colonias. Desde muy temprano, en 1514, fundó su primer convento en La Española. Los mercedarios habían sido los capellanes del ejército castellano durante la reconquista y prolongaron su papel en las expediciones de conquista, formando parte de las huestes de Hernán Cortés,
Francisco Pizarro, Pedrarias Dávila y Diego de Almagro. En 1528 contaban con 30 miembros en Indias. Su labor evangelizadora con los indios se centró en Guatemala, Perú, Tucumán, Bolivia y Chile, aunque no supieron sacar partido de su posición privilegiada y salvo el establecimiento de Guatemala, los demás terminaron fracasando. En su labor apostólica siguieron el ejemplo de otras órdenes y crearon escuelas donde acudían los hijos de los indígenas que se formaban como catequistas.
La Orden de los franciscanos
Los franciscanos fueron de los primeros en evangelizar en el Nuevo Mundo y tuvieron una clara vinculación con los descubrimientos antillanos. En 1505 habían establecido en La Española la provincia de Santa Cruz de las Indias Occidentales. La expansión de la conquista requirió de nuevos misioneros que, al igual que los conquistadores, dejaron La Española para pasar a Tierra Firme y posteriormente a Nueva España. Pedro de Gante y otros dos franciscanos flamencos constituyeron el núcleo evangelizado de la conquista de México y en 1524, desembarcaron los «doce apóstoles», dirigidos por fray Martín de Valencia. La orden franciscana fue la más numerosa de cuantas pasaron a América y en 1527 contaba con varias provincias en Indias: las Antillas, México, Guatemala y el Perú. Fue la única orden en organizar un comisariato general con sede en la corte, según las recomendaciones de Felipe II y en todo lo referente a la propagación de la fe terminaron adaptándose a las normas de la Congregación de la Propaganda. Las capuchinas, rama franciscana de estricta observancia, se establecieron en México en y luego se extendieron por Guatemala y Lima. Las clarisas, la primitiva rama femenina franciscana, desembarcaron en Querétaro en 1607 y luego fundaron conventos en Perú y Nueva España. Las clarisas, como todas las órdenes femeninas establecidas en América, desarrollaron una labor básicamente contemplativa y monástica, sin contenidos educativos o evangelizadores y era frecuente ver sus conventos de clausura poblados de hijas de las oligarquías locales. En 1789 los franciscanos tenían en América y Filipinas 241 conventos, 163 reducciones misioneras y 139 curatos y vicariatos de indios, con casi 4.200 religiosos
La orden de los Dominicos
Si bien los dominicos fueron la segunda orden mendicante en pasar al Nuevo Mundo, su influencia fue relativamente mayor que su número: el 30% de los obispos nombrados en América hasta la segunda década del siglo XVI habían sido dominicos. En 1509, quince años después que los franciscanos, llegaron a La Española los primeros 15 dominicos encabezados por fray Pedro de Córdoba. Todos los integrantes de la orden en América debían respetar la observancia más estricta, de acuerdo a la reforma impuesta a los conventos dominicos en la Península, sin embargo, el rigor ético de los dominicos chocó con las laxas costumbres de los colonos. En el incidente protagonizado por fray Antonio de Montesinos y su sermón de Adviento en Santo Domingo en 1511 se vio la resistencia de los encomenderos a las denuncias de los frailes especialmente sensibles en algunas materias como las relacionadas con la cohabitación con las indígenas. Al igual que los franciscanos, los dominicos seguían la estela de los conquistadores, aunque su primer desembarco en México no fue acompañado por el éxito. En 1530 crearon la primera provincia americana autónoma, con sede en Santo Domingo, y dos años mas tarde la Nueva España se convirtió en una provincia separada. Los dominicos participaron de forma casi exclusiva en la conquista de Nueva Granada y tuvieron una gran labor misionera en Perú y Quito.
La orden de los Jerónimos
La llegada de los jerónimos se debió a la voluntad del cardenal Cisneros de plantear una solución de compromiso en la pugna entre dominicos y franciscanos por las encomiendas en La Española. En 1514, Cisneros había impulsado un plan muy ambicioso basado en las ideas de Las Casas para eliminar las encomiendas en la isla que llevaba a los indígenas a concentrarse en sus pueblos. Los jerónimos debían desarrollar la idea, a tal punto que entre 1516 y 1519 tres priores de la orden ocuparon la gobernación de La Española y si bien no llevaron a la práctica las propuestas mas ambiciosas de Las Casas sí impulsaron reformas importantes para debilitar el poder de los encomenderos. Con Carlos I en el trono, los encomenderos recuperaron terreno y el gobierno de los frailes llego a su fin, tras lo cual regresaron a España. Aunque su labor pastoral no es comparable a otras órdenes , durante los siglos XVI y XVII fueron nombrados obispos en Indias 17 frailes jerónimos.
La orden de los Agustinos
Los agustinos otra orden mendicante, llegaron a América tras los franciscanas y los dominicos. Su labor estuvo marcada por la construcción de templos esplendorosos que expresaron el mestizaje entre la cultura europea y la indígena. En 1533 llego a México un grupo de siete monjes agustinos que desarrolló su labor misional en las zonas no ocupadas por otras órdenes. A partir de esa fecha los agustinos desarrollaron una importante labor misionera en el Nuevo Mundo y en Filipinas. El virrey Mendoza los llevó de Nueva España y al Perú y fue entonces cuando la orden alcanzó su máximo esplendor. También encontramos algunos conventos de agustinos, como los de Chuquisaca y Santiago de Chile.
La orden de los Jesuitas
La fecha de la fundación de los jesuitas y el hecho de que en España sólo las órdenes mendicantes hubiesen sido autorizadas a pasar a Indias explica su tardía presencia en América. De hecho, los jesuitas llegaron a Brasil 20 años antes que a la América española, cuando la Corona portuguesa les encomendó la evangelización de sus colonias americanas. Durante un tiempo, tanto el Vaticano como la Corona española se negaron a que los jesuitas fuesen a las colonias españolas. Un pedido en este sentido de 1538 fue denegado por el Papa y el Consejo de Indias rechazó en 1555 y 1558 la solicitud de dos virreyes del Perú de incluir jesuitas en sus séquitos. En 1565, bajo el reinado de Felipe II, comenzó a cambiar la actitud de la monarquía española hacia la orden y en 1566, el Consejo de Indias los incluyó en la nómina de las órdenes autorizadas a desempeñar su labor pastoral en Indias, aunque limitada a América del Sur. Desde Lima, los jesuitas se expandieron y también por Chile, Tucumán y Paraguay. Finalmente, en 1571 Felipe II accedió a que se asentaran en México adonde llegaron al año siguiente. Su preparación, especialmente en el estudio de las lenguas indígenas les facilitó el desarrollo de su labor misionera en todo el continente. Alcanzó su máximo esplendor en sus famosas reducciones, también conocidas como misiones. Sin embargo, su labor no se concentró en la evangelización de los indígenas, ya que la educación tanto de indios como de criollos fue un elemento importante de su cometido. De ahí que colegios y universidades estuvieran vinculadas a sus conventos en las principales ciudades. En el colegio jesuita de Lima, por ejemplo, funcionó la primera imprenta peruana.
Las reducciones
Las reducciones eran concentraciones de indios de una región determinada en uno o más poblados administrados según pautas occidentales, que debían permanecer aislados de la población española. Su origen se sitúa en los hospitales-pueblos creados por Vasco de Quiroga en Michoacán a partir de 1537, el primero de los cuales fue el de Santa Fe. En ellos la organización social y el reparto de las tierras era comunal, siguiendo el modelo de Tomás Moro. Quiroga estimaba que el carácter ingenuo y bondadoso de los indios, que contrastaba con el alma corrupta de los europeos, facilitaba el desarrollo de la utopía de Moro en el Nuevo Mundo. En México, a estas reducciones se las llamó congregaciones. Uno de sus principales objetivos fue la cristianización de los indígenas, ya que la cercanía a curas y autoridades españolas favorecía su aculturación. Las reducciones más conocidas son la de las jesuítas, especialmente importantes en el Paraguay y zonas vecinas, que afectaban a los indios guaraníes. Las primeras misiones, controladas por algo menos de 5 jesuítas, se fundaron a comienzos del siglo XVII y llegaron a reunir en 32 pueblos cerca de 300.000 indios de origen guaraní. En el norte de México las misiones congregaron a 100.000 indígenas. Si bien se suele insistir en el aspecto utópico de las misiones, éstas funcionaban bajo un régimen laboral muy duro y con horarios sumamente estrictos y reglamentados que hacían mella en el ánimo de los indígenas reducidos, cuya vida cotidiana se regía por el comunitarismo. Las misiones gozaban de una amplia autonomía respecto al poder político, lo que era causa de frecuentes roces con los hacendados de la región, como se puso de manifiesto en el enfrentamiento librado por los terratenientes entre 1721 y 1735, pero también con las autoridades locales —gobernadores o corregidores—. Precisamente por eso los reformistas borbónicos, ansiosos por reforzar el poder de la monarquía, tampoco los veían con buenos ojos y fueron firmes partidarios de su expulsión de Indias. Los ataques de los bandeirantes, cazadores de indígenas provenientes de la región paulista, cuyo propósito era vender como esclavos en Brasil a los indios, comenzó a erosionar la vida de las misiones. Éstas recibieron un golpe mortal con la expulsión de los jesuítas en 1767, que impulsó su definitivo declive. Desde su exilio europeo, los jesuítas expulsados de América por orden de Carlos III, idealizaron el papel de las reducciones paraguayas en la promoción de los indígenas y especialmente su carácter utópico.
http://mihistoriauniversal.com/edad-moderna/ordenes-religiosas-reducciones-en-america-colonial/

En el caso de la Nueva España la enseñanza de la religión fue una necesidad primordial al tener enormes núcleos de población en Mesoamérica con un grado avanzado de desarrollo religioso, así como estados teocráticos y prácticas opuestas a principios religiosos occidentales como el sacrificio humano y la poligamia. Millones de indígenas tenían que ser adoctrinados en el catolicismo por la Monarquía hispánica para tres fines fundamentales: la salvación eterna, el credo católico y la integración inmediata a los usos occidentales.
España poseía a principios del siglo XVI aún el llamado espíritu de Reconquista para combatir a los infieles y la creencia en un plan divino para llevar el evangelio, la verdadera fe y la civilización a todos los rincones de la tierra, según las enseñanzas de Jesucristo.
Los reyes hispanos desde los Carlos I fueron los principales impulsores de este proceso que tuvo como protagonistas principales a los frailes de las llamadas órdenes mendicantes, las cuales además de atender las carencias espirituales indígenas con notables soluciones y métodos -que incluyeron esfuerzos importantes en arquitectura, pintura, música, teatro, traducción de textos y aprendizaje de lenguas indígenas- intentaron implementar entre las cantidades ingentes de indígenas mesoamericanos el estilo de vida europeo con alfabetización, enseñanza de artes y oficios, modos de gobierno y organización civil, leyes, urbanización occidental y la construcción de edificios de diversa índole.

Inicios
Mediante el Breve Inter caetera de 1493 suscrito por el Papa Alejandro VI, se otorgó a los Reyes Católicos (Isabel de Castilla y Fernándo de Aragón), en pago a sus servicios y a su fidelidad a la Iglesia católica la autorización y facultades necesarias para evangelizar a los habitantes de las tierras descubiertas por Cristóbal Colón apenas un año antes.
La Catedral fue un símbolo del poder religioso que las órdenes adquirieron durante el Virreinato. Fue construida entre 1572 y 1813.
Hernán Cortés -a sabiendas de la situación del clero secular en España[cita requerida]- solicitó en su tercera Carta de Relación a Carlos I "misioneros de las Órdenes de San Francisco y Santo Domingo, los cuales tengan los más largos poderes que Su Majestad pudiere", quienes arribarían a los territorios recién conquistados a enseñar la religión católica a los conquistados. Los religiosos de dichas órdenes poseían una trayectoria misional anterior -desde hacía varias décadas en territorios recuperados a los musulmanes- y fueron designados por la monarquía española como los encargados de liderar la labor misional en la Nueva España con atribuciones especiales como la posibilidad de impartir sacramentos y la administración de fondos económicos propios basados en el establecimiento del Regio Patronato Indiano.
El 25 de abril de 1521 el Papa León X concedió la bula Alias Felicis que autorizó a las órdenes mendicantes realizar la tarea misional en los nuevos territorios. Al año siguiente, el 9 de mayo de 1522, su sucesor Adriano VI, reiteró con la bula Exponi Nobis Fecisti al rey Carlos I la autoridad mendicante de la administración de sacramentos (bautizo, matrimonio, comunión y confesión) en donde no hubiera obispos a menos de dos jornadas de distancia del sitio misional.
Tres franciscanos llegaron en la expedición cortesana, pero no sería hasta el 15 de mayo de 1524 cuando arribó al puerto de Veracruz el grupo de los llamados Doce apóstoles de México: Martín de Valencia, Francisco de Soto, Martín de la Coruña, Juan Xuarez, Antonio de Ciudad Rodrigo, Toribio de Benavente (Motolinía), García de Cisneros, Luis de Fuensalida, Juan de Ribas, Francisco Jiménez, Andrés de Cordoba y Juan de Palos. Un interesante testimonio de su arribo y el primer contacto con los tlamatinime indígenas fue recogido de la tradición oral por Bernardino de Sahagún en sus Colloquios y doctrina christiana con que los doce frayles de San Francisco enviados por el Papa Adriano VI y por el Emperador Carlos V convirtieron a los indios de la Nueva España en lengua Mexicana y Española.
Órdenes religiosas
Por órdenes del arzobispo primado de España, Alonso de Fonseca y Ulloa, y a petición del gobernante novohispano Hernán Cortés, arribaron a la Nueva España el 19 de enero de 1523 tres franciscanos, dirigidos por Pedro de Gante (pariente de Carlos I), Juan de Tecto y Juan de Aora, pertenecientes a la alta sociedad castellana. Aora y Tecto fueron llevados por Cortés a evangelizar las Hibueras, pero murieron en el trayecto. Gante, mientras tanto, siguió su labor en Nueva España, fundó hospitales y escuelas, estableció un convento y enseñó artes y oficios a los nativos. Murió en 1572, tras casi cincuenta años de labor. El 13 de mayo de 1524, llegó una nueva generación de misioneros franciscanos encabezados por fray Martín de Valencia, quienes ocuparon un papel preponderante como defensores de los indígenas y de sus tierras, se establecieron principalmente en Michoacán y Puebla. Algunos franciscanos de relieve en Nueva España fueron:
Los dominicos fueron la otra orden importante que se estableció en el virreinato, con poco tiempo de diferencia de los franciscanos. Llegaron hacia 1526 y establecieron sus misiones en Oaxaca y Chiapas. Bartolomé de las Casas presidió esta organización religiosa durante su estancia en Nueva España, y en 1542 escribió al rey informándole acerca de la situación de los indígenas en la Nueva España, cartas que más tarde recopiló en su obra "Brevísima relación de la destrucción de las Indias". Francisco de Vitoria, también dominico, sería también conocido por su defensa de los amerindios. Posteriormente el Consejo de Indias convocaría a De las Casas y a Juan Ginés de Sepúlveda a debatir sus ideas opuestas ante el problema de los indígenas en México. Fue entre 1550 y 1551, cuando ambos discutieron sus posturas en la llamada "Aula Triste" del Palacio de Santa Cruz. A este hecho se le conoce como Junta de Valladolid. Las ideas de De las Casas lograron mayor impacto en los oidores, lo que quedó plasmado en las Leyes de Indias de 1552.[3]
Los agustinos fueron la tercera orden en importancia, llegada en 1534 y extendida por la Mixteca y el Estado de Guerrero, pero más tarde lograron su expansión por la Huasteca de San Luis Potosí y Veracruz, unos años después a Michoacán. Entre otros, se destacaron Francisco de la Cruz, Agustín de la Coruña y Jerónimo Jiménez. A base de donativos, la orden se hizo de grandes propiedades que a la postre se convirtieron en haciendas y latifundios. Estas tres órdenes fueron las más influyentes y las que construyeron grandes edificios para su religión, que al paso de los siglos pueden verse todavía en pie.[4] [5]
Las órdenes minoritarias se dedicaban a atender los hospitales y las escuelas, como los juaninos. los hipólitos, los carmelitas, y los mercedarios, además de algunas órdenes femeninas como las clarisas. La máxima realización de las órdenes terciarias fue el Hospital de Jesús, durante siglos el mayor hospital capitalino, en él reposan los restos de Cortés.[6]
Los pueblos indígenas fueron en principio hostiles a la nueva doctrina y muchos de ellos se negaron a aceptar la religión católica como única oficial. Los frailes se encargaron de la labor evangelizadora y educativa, y en esta tarea destruyeron sistemáticamente todo vestigio de lña cu. A la vez, integraron valores del México prehispánico. La Inquisición fue establecida en 1571 a semejanza de la española, que vigilaba y reprimía las manifestaciones contrarias a la religión, llevando muchas veces a sus sentenciados a la pena capital. En principio, los religiosos se enfrentaron a Felipe II pues los sacerdotes deseaban abolir la esclavitud y la servidumbre predominante entre los indígenas, pero el rey se negó y estuvo a punto de expulsarles de sus dominios. El Papa Sixto V intervino y concilió a ambas partes.
Monasterios mendicantes
Los monasterios mendicantes en México fueron una de las soluciones arquitectónicas ideadas por los frailes de las órdenes mendicantes en el siglo XVI para la Evangelización en la Nueva España, pensadas para un número enorme de indígenas no católicos. Se basaron en el modelo monástico europeo, pero añadieron elementos innovadores en la Nueva España como la cruz atrial y la capilla abierta, además de caracterizarse por ostentar diversas corrientes decorativas y una apariencia recia como fortalezas.
La función religiosa de estas edificaciones se pensó para un número enorme de indígenas por evangelizar, aunque pronto por la política de reducción el conjunto se convirtió en el centro de enseñanza de sus comunidades y de los modos civiles de occidente, el castellano, diversos artes y oficios, salud, e incluso servicios fúnebres.

¡qué importancia tuvo la inquisición!
¿ cual era la idea principal de este movimiento?

La inquisición]
Artículo principal: Inquisición española


Escudo de la Inquisición española, con sede en la Nueva España. Institución fundada en 1478 por los Reyes Católicos para mantener la ortodoxia católica en sus reinos, que tiene precedentes en instituciones similares existentes en Europa desde el siglo XIII (véase el artículo Inquisición). La Inquisición española estaba bajo el control directo de la monarquía. No se abolió definitivamente hasta 1834, durante el reinado de Isabel II. Operó en Nueva España de 1571 a 1820, cuando por órdenes de Riego fue abolida, orden que llevó a cabo el virrey Juan Ruiz de Apodaca.
La Inquisición española fue establecida en la Corona de Castilla y en la Corona de Aragón por orden de Isabel I y Fernando II, en 1479. Pedro Arbués fue el primer inquisidor general, asesinado en 1485. Tras la caída de Granada, los moros y judíos que se negaron a convertirse al catolicismo fueron expulsados y asesinados por no dejarse manipular por ellos en 1492, algunos de ellos procesados por la inquisición, ejecutados y sus bienes confiscados. Al tomar posesión del Nuevo Mundo, Pablo III, pontífice de Roma, sugirió a Carlos I establecer el Santo Oficio de la Inquisición en América, pero las guerras en que el emperador estaba enfrascado impidieron realizar su objetivo. Abdicó Carlos I en su hijo Felipe II, quien durante los primeros años siguió la política de su padre, pero pudo instituir el Santo Oficio en Nueva España hacia 1571. Desde 1569 se establecieron los primeros tribunales en Lima y Cartagena de Indias. Fernando Valdés, inquisidor general, dictó las primeras dispensas para la inquisición novohispana. Ya desde los primeros años de la Colonia se habían dictado reservas para la persecución de herejes, castigo de blasfemias (instituida por Cortés en 1520, un año antes de la caída de Tenochtitlan) y proceso de idólatras, cuyo primer caso fue llevado por Nuño Beltrán de Guzmán contra un pueblo de tarascos, en 1530. Pedro Moya y Contreras fue el primer inquisidor general del Virreinato hasta su muerte en 1591. Pablo IV organizó el índice de libros prohibidos, que tuvo vigencia en Nueva España hasta 1820, año de la supresión del Santo Oficio. La tortura se empleaba como método para obtener confesiones y para castigar, siendo muchas veces exhibidos públicamente los condenados, usando un sambenito, poco antes de ser quemados en la hoguera mediante autos de fe. La revolución de Rafael de Riego, que dio origen al Trienio Liberal, suprimió definitivamente la Inquisición en marzo de 1820, siendo sus últimas labores la persecución de los liberales contrarios a Fernando VII. En América se fomentó la Leyenda Negra de la Inquisición Española, teniendo en los relatos de sentenciados fuente de referencia.

La Virgen de Guadalupe y su papel como evangelizadora
La Virgen de Guadalupe es una imagen religiosa en México. Se la venera como una imagen milagrosa en un ayate.
La evangelización en la Nueva España no fue tarea fácil, especialmente en los primeros años de la Colonia, cuando aún estaban arraigadas las costumbres prehispánicas religiosas. Fue en este ambiente de crispación y tensión religiosa que en 1531 apareció(según la leyenda) la Virgen de Guadalupe, que al paso de los tiempos fue convirtiéndose en un símbolo de la nación, fortaleció el mexicanismo y fue la más importante evangelizadora del Virreinato de Nueva España.[9] [10]
De acuerdo a la tradición recogida años después en el Nican Mopohua,[11] el 9 de diciembre de 1531 un indígena caminaba por las laderas del valle de México. Su nombre era Juan Diego Cuauhtlatoatzin (venerado como santo por la Iglesia Católica), y se dirigía a Tlatelolco a escuchar la predicación de la doctrina católica. La aparición de la Virgen a Juan Diego se realizó con el fin de acaparar la atención de los indígenas y construir un santuario para su veneración en el cerro del Tepeyac, lugar donde ocurrieron las manifestaciones. La Virgen le pidió a Juan Diego que fuera a ver al entonces obispo de México, fray Juan de Zumárraga, y le pidiera que construyera el templo. Por dos veces Juan Diego entregó el mensaje, ante el escepticismo de Zumárraga, quien finalmente, le pidió una señal de que era cierto que se le aparecía la Virgen. Pocos días después, el 12 de diciembre, el tío de Juan Diego, Juan Bernardino, cayó enfermo, y Juan Diego corrió a la capital por un confesor, pero lo hizo por otro sendero para eludir el contacto con la Virgen por no poder en ese momento atender su demanda. La Virgen le salió al encuentro por el camino diciéndole que su tío había sanado, enviándolo a recoger flores en la cumbre del Tepeyac, como señal para el obispo. Juan Bernardino, tío del mensajero, no sano luego de la entrevista entre su sobrino y la Virgen como lo había dicho esta. Juan Diego, mientras tanto, se presentó ante el obispo de México y algunas personas de la alta sociedad, mostrándoles las rosas de Castilla en su manto, en el que además había quedado estampada (según la leyenda) la imagen de la Virgen de Guadalupe. Zumárraga atribuyó el hecho a una intervención divina, tomó el ayate de Juan Diego y ordenó su exhibición pública. Años más tarde, esta historia se relataría en el Nican Mopohua escrito en náhuatl por Luis Lasso de la Vega. Juan Diego murió en 1548, fue beatificado en 1990 y canonizado en 2002, ambos procesos por Juan Pablo II. Alonso de Montúfar, sucesor de Zumárraga en el arzobispado de México, mandó construir la primitiva Basílica de Guadalupe, inaugurada en 1708, y con calidad de santuario desde 1738, concedido por Benedicto XIV, quien también designó a la Virgen de Guadalupe "Patrona de México" y "Emperatriz de América". Los estragos de las guerras civiles de México dañaron la estructura de la basílica por lo que en 1968 el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez tomó el proyecto de la nueva Basílica, inaugurada el 12 de octubre de 1976.[12]
La importancia de la imagen radica en que durante siglos ha tenido un papel preponderante en la historia de México, como símbolo patrio no oficial, ya que su fiesta (12 de diciembre) no fue abolida del calendario con las Leyes de Reforma, inspiró a los insurgentes como estandarte de su lucha y es considerada por el pueblo como la patrona de México y de toda América.[13]
Conflictos de la Iglesia con la corona española

Francisco Xavier Clavijero, intelectual y jesuita de la Nueva España, expulsado con el resto de la orden en 1767. Se exilió en Roma, donde escribió muchas veces al Papa Clemente XIII y a Carlos III de España pidiendo su regreso a la Nueva España. Le fue negado y comenzó a escribir su "Historia de la Antigua o Baja California" en dos volúmenes. Murió en 1787, en Bolonia.
Tras el advenimiento del primer Borbón a la corona española, Felipe V en 1700, el nuevo monarca se hizo rodear de consejeros afrancesados enemigos del clero peninsular, lo que de inmediato generó conflictos que se extendieron a lo largo de todo el siglo XVIII. La sobrepoblación de clérigos y religiosas hizo que en 1717 el rey, aconsejado por su mujer Isabel de Farnesio, dictara prohibiciones de fundar nuevos conventos en América y en 1734 se les impidió recibir a nuevos miembros durante el plazo de diez años. Fernando VI, hijo y sucesor del anterior, tuvo una política conciliadora con la Iglesia e incluso firmó un concordato con Benedicto XIV en 1753, pero al año siguiente evitó que el clero interviniese en la redacción de testamentos. Al morir Fernando VI sin descendencia, el trono pasó a manos de su liberal hermano Carlos III, antiguo rey de Nápoles. En sus nuevos dominios aplicó las mismas políticas anticlericales que en Nápoles. El conde de Aranda, su primer ministro, le informó del peligro que representaban los jesuitas para la corona, por sus enseñanzas liberales y por su alianza con Clemente XIII, por lo que el rey determinó expulsarles en 1767, causando así la caída del sistema educativo de la Nueva España, pues los jesuitas eran los mayores educadores de la juventud novohispana. El ejército condujo a los jesuitas a su destierro, y reprimió además manifestaciones populares de repudio a la medida de Carlos III, como las suscitadas en San Luis Potosí, Uruapan, Pátzcuaro y Guanajuato. La orden del rey fue ejecutada por el virrey Carlos Francisco de Croix y por el visitador José de Gálvez, quien años más tarde se convirtió en virrey y aplicó la "Real cédula sobre enajenación de bienes y cobro de capitales de capellanías y obras pías para la consolidación de vales reales", lo que de un sólo golpe destruyó la estructura económica de la Iglesia en la corona, que había funcionado durante más de dos siglos. Los fondos recaudados fueron para fortalecer a la armada y al ejército español, pues las ideas revolucionarias francesas comenzaban a traspasar fronteras.[14]
Poder económico de la Iglesia en Nueva España
La Iglesia consiguió gran cantidad de dinero a través de las capellanías y donativos, con los que construyó catedrales como la de San Ildefonso de Yucatán.
La Iglesia en España fue dividida en dos grandes órdenes:
1.        el clero secular —integrado por los sacerdotes que no pertenecen a ninguna orden y que están sometidos al poder de los obispos—
2.        y el clero regular, formado por las órdenes religiosas de hombres y mujeres, sujetos a las reglas que su orden les imponga.
3.        Esta estructura fue traída a la Nueva España, donde sufrió algunos cambios pero la esencia se mantuvo a lo largo de la colonia. El diezmo fue, sin duda, la base de la economía clerical novohispana, instituido por Alejandro VI en el Tratado de Tordesillas (1494). Era una especie de impuesto sobre la renta, que equivalía a la décima parte de las ganancias obtenidas por cada súbdito en un año, con respecto a sus propiedades inmuebles, ganaderas y agrícolas, además de las comerciales. En su mayoría, el diezmo era usado para cubrir las necesidades de los sacerdotes y pagar tributo a la corona, el resto era enviado al Papa quien lo distribuía en la cristiandad de acuerdo a su criterio. Así, muchas órdenes consolidaron su poder al adquirir haciendas, acumulando de esta manera muchos latifundios considerados "en manos muertas", y fueron desamortizados hasta 1856 con Benito Juárez. El virreinato concedía "merced de estancias" a ciertos colegios particularmente pobres, aunque esto rayaba en contra de que la Iglesia tuviera bienes raíces, norma dictada por Pío VI. Otras órdenes como los agustinos, poseían extensiones de terrenos para la crianza de ovejas. Las capellanías fueron una de las mayores fuentes de ingresos para la Iglesia, consistía en un impuesto que se gravaba sobre las propiedades de rurales, casas tiendas o talleres, a semejanza de una hipoteca. Los censos consistían en una renta anual o hipoteca sobre una propiedad.



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